diciembre 25, 2010

Dulce Navidad

Navidad. Una fecha para estar con todos aquellos a quienes quieres. Para compartir momentos con ellos, recordar viejos tiempos, ya pasados. Para imaginar, para construir un futuro juntos. Una fecha que une. En la que ves a gente a la que hacía tiempo que no veías. Un día como otro cualquiera, un día corriente al que se le ha dado un significado. Para algunos, religioso. Para otros, una excusa para regalar algo. Pero, para todos, una noche, una tarde muy especial, en la que no puedes estar solo. Tienes que acompañarte de todas esas caras que tan conocidas te resultan. Y en esos momentos te das cuenta de lo mucho que les extrañabas.

Una velada muy agradable, repleta de risas, de alegría. De recuerdos que te sacan una sonrisa, o incluso una lágrima. Porque también hay sitio para aquellos que ya no están, los que hacía mucho tiempo que no estaban contigo. Que te quisieron, te apoyaron, te protegieron. Hicieron posible tu vida. Puede también que hoy sigan haciéndolo, pero probablemente tampoco lo sabremos nunca. Hasta ese día, hoy lejano, que nos toque reencontrarnos con ellos. Mientras tanto, no podemos evitar mirar hacia su sitio en la mesa y acordarnos de ellos...porque no volverán más. Se sentarán otras personas, pero no ellos. Ellos ya no.

Una noche... que también te hace desear estar en otro sitio. Que te hace sentir que deberías ocupar otro lugar. Que te hace echar de menos, más aún si cabe, a ese alguien especial. ¿Sabes? Ayer, más que nunca, me hubiera gustado  estar contigo. Me entraron ganas de correr, y no parar hasta llegar a tu lado. Y aunque me sentía bien con mi familia... no puede evitar el desearlo, al igual que no pude evitar quererte, ni cuando todo parecía que llegaba a su fin, ni cuando se le puso un punto...que no llegó a ser final. Soñar, eso que todos hacemos, al fin y al cabo.

Bueno, supongo que feliz Navidad. Sí, no es una fecha para estar tristes. Feliz Navidad a ti también, cariño. Te quiero.

diciembre 24, 2010

Como un reloj de arena

¿Sabes qué es lo que más me asusta de que pase el tiempo? Precisamente eso, que pasa. Que no voy a volver a vivir lo que estoy viviendo ahora. No voy a sentir como siento ahora mismo. No voy a querer lo que quiero. Da igual que ahora le ame más que a nada en el mundo, dentro de un tiempo, sea cuánto sea, habrá acabado. No olvidado, no. Las cosas importantes no se olvidan nunca, no importa lo que digan. Pero lo que ahora llena mi vida, no tendrá sentido alguno. Todos esos sentimientos, todas esas emociones, sensaciones, opiniones, gustos, deseos, impulsos... no serán más que polvo en el viento. Quedará un lejano recuerdo, un atisbo de que un día pasaron. Nada más.

Poco a poco el tiempo te va quitando cosas. Vas perdiendo lentamente. Surge algo nuevo. Algo se apaga. Principios y finales a lo largo de tu vida. Poco se mantiene, pero agárrate fuerte a eso. Será lo que tiña de color cada mañana, por lo que merezca la pena luchar cada segundo para, esta vez, no dejarlo pasar. Que te acompañe cada día, cada noche, el resto de ellas. Lucha, aférrate a ellas, no las dejes pasar. Mantén viva esa llama el tiempo que puedas.

Sólo espero no despertarme dentro de unos años y verme sola en casa. En mi mundo, un planeta solitario, sin satélites. Que todos se hallan ido de mi lado. Que no pueda compartir mi vida con nadie, que esté vacía. Que no le importe a nadie, que no tenga ninguna ilusión por vivir. Que simplemente me limite a mirar cómo los segundos pasan en el reloj de la cocina, bebiendo un café quizá ya demasiado frío. Frío, a juego con el corazón. Y que no pase nada que lo caliente un poco. Que piense en todo lo que tenía, y tenga ganas de llorar, al saber que no quedaré por las tardes con mis amigos. Que no pasaré noches en vela con aquel que fuera a compartir mis sueños. Que sus ojos no fueran lo primero que viera cada mañana, ni sus dedos acariciándome la espalda los que me despertaran. Sus labios con los que soñara, sus manos las que acercaran mi cara a la suya, sus brazos los que me rodearan para no dejarme escapar nunca. Ni su voz, la que me dijera incansablemente que me quiere, que le gustaría que yo fuera esa viejecita de 90 años a la que siguiera viendo en su cama, de la que no se pudiera cansar jamás.

Sueños. Son eso, solamente eso. Están para darte esperanzas de un futuro bonito. Pero, ¿y si te despertaras antes de que acabaran? En realidad, no deberían tener final. Cada uno tendría que tener su propia pluma en la mano.

Entonces, escribamos nuestra propia Historia. Y sigamos haciéndolo. Siempre.

diciembre 23, 2010

Realidad

No sé, supongo que siempre, tarde o temprano, acabamos equivocándonos. No somos conscientes de ello. Al menos, no hasta que alguien nos abre los ojos. Nos dice la verdad, tal y como la ve. Tal y como es, y no como tú creías que era. Nos da su punto de vista, ese que a veces nos falta para darnos cuenta de la realidad. Para caer en nuestros errores, e intentar repararlos. Para descubrir que existen muchas formas de pensar, soluciones inimaginables y completamente sencillas a problemas que creías complicadísimos, totalmente enrevesados. Quebraderos de cabeza, de esos que hacen que des vueltas en la cama toda la noche, sin dormir. Que puedan llegar incluso a quitarte el apetito, las ganas de seguir soñando, porque todo lo que querías, era imposible... según tu punto de vista. Aunque, según otras personas, no hiciera falta ser un genio para darte cuenta de que era fácil conseguir cumplir tu sueño.

Vivir en una nube... sí, es bonito, es mágico. Puedes crear tu propio sueño, pero nunca será real. Estarías constantemente en un mundo ideal, donde creerías que nada ni nadie puede alcanzarte. Ni hacerte daño. Ni herirte, llegando incluso a dejarte una de esas cicatrices que pocos pueden borrar, que pueden incluso acompañarte el resto de tu vida. De esas que no son físicas, pero hieren más. Sería, simplemente, una burbuja. Nunca un muro. Siempre habrá algo que la pinche. Y entonces, dime, ¿qué harás? ¿Tratarás de reconstruirla? ¿De seguir viviendo un sueño irreal? Llegará un día en el que te des cuenta de que las cosas grandes no son aquello que siempre has soñado, sino las que has conseguido luchando, con tu propio esfuerzo. Debes preferir siempre eso, es lo que dura. Lo que se mantiene. Mejor amar, que estar enamorado. De esta forma, tienes un futuro. No el que querrías, pero sí uno seguro, uno que tú, poco a poco, has ido creando.

Y finalmente, fíjate en las cosas pequeñas que pasan a tu alrededor. A tu familia, a tus amigos, a las personas que quieres. A ti. Porque cuando mires atrás, comprenderás que esos pequeños gestos, esos pequeños actos, esas pocas palabras... son los que realmente  cuentan. De las que conservarás un agradable recuerdo dentro de unos años. Lo demás se habrá borrado casi por completo, pero aquello a lo que en su día no le diste importancia, será lo más preciado que tengas con el tiempo.