Navidad. Una fecha para estar con todos aquellos a quienes quieres. Para compartir momentos con ellos, recordar viejos tiempos, ya pasados. Para imaginar, para construir un futuro juntos. Una fecha que une. En la que ves a gente a la que hacía tiempo que no veías. Un día como otro cualquiera, un día corriente al que se le ha dado un significado. Para algunos, religioso. Para otros, una excusa para regalar algo. Pero, para todos, una noche, una tarde muy especial, en la que no puedes estar solo. Tienes que acompañarte de todas esas caras que tan conocidas te resultan. Y en esos momentos te das cuenta de lo mucho que les extrañabas.Una velada muy agradable, repleta de risas, de alegría. De recuerdos que te sacan una sonrisa, o incluso una lágrima. Porque también hay sitio para aquellos que ya no están, los que hacía mucho tiempo que no estaban contigo. Que te quisieron, te apoyaron, te protegieron. Hicieron posible tu vida. Puede también que hoy sigan haciéndolo, pero probablemente tampoco lo sabremos nunca. Hasta ese día, hoy lejano, que nos toque reencontrarnos con ellos. Mientras tanto, no podemos evitar mirar hacia su sitio en la mesa y acordarnos de ellos...porque no volverán más. Se sentarán otras personas, pero no ellos. Ellos ya no.
Una noche... que también te hace desear estar en otro sitio. Que te hace sentir que deberías ocupar otro lugar. Que te hace echar de menos, más aún si cabe, a ese alguien especial. ¿Sabes? Ayer, más que nunca, me hubiera gustado estar contigo. Me entraron ganas de correr, y no parar hasta llegar a tu lado. Y aunque me sentía bien con mi familia... no puede evitar el desearlo, al igual que no pude evitar quererte, ni cuando todo parecía que llegaba a su fin, ni cuando se le puso un punto...que no llegó a ser final. Soñar, eso que todos hacemos, al fin y al cabo.
Bueno, supongo que feliz Navidad. Sí, no es una fecha para estar tristes. Feliz Navidad a ti también, cariño. Te quiero.
