febrero 26, 2011

Sigo llorándote, esperándote.


Un millón de recuerdos buenos, felices, de amor, que se van diluyendo entre aquellos de pesadilla. Eso es lo que me gustaría que hicieran, que se fueran de una vez para olvidar. Pero esto se ha convertido en misión imposible, porque, cuando sólo te queda eso, recuerdos, ¿qué puedes hacer? No paran de pasar por tu cabeza, constantemente, y lo peor es que cada vez te acuerdas de más, de esos que estaban encerrados en un cajón, esos momentos vuelven a ver la luz aún más brillantemente que antes. Te acuerdas de aquella sonrisa que se te escapó cuando te llamó a las doce de la noche, cuando sabía que estabas en la cama desde hacía más de una hora, y cuando le preguntaste si estaba loco, te dijo que sí. Por ti. De aquella otra vez, cuando estabas a punto de quedarte dormida y la pantalla de tu movil volvió a encenderse, mostrando su nombre, casi a la una de la mañana, a pesar de que habíais estado hablando durante horas. Y su respuesta frente a qué pasaba, fue únicamente, que te quería. Que eras lo mejor que le había pasado en su vida y no quería que nada se acabara.

Si te das cuenta, estoy hablando en pasado. Son cosas que no van a volver, cada día que pasas esperando por su respuesta, si quiere volver a intentar reconstruir esa casa, ese hogar que tú misma quemaste, vas muriendo un poco más. ¿Cuánto tiempo te queda de vida? Ya ha pasado una semana desde que se lo preguntaste. Dentro de poco, un mes desde que aquel incendio lo arrasó absolutamente todo. No puedes hacer nada, y la impotencia es lo que te mata.

Si sólo pudieras verle una última vez más, lo darías todo. Darías absolutamente todo lo que tienes por otra tarde, por vivir cada momento como si fuera el último, no como otras veces, cuando pensabas que siempre habría otra oportunidad. Te equivocabas, como llevabas haciendo tanto tiempo. Y te sigues maldiciendo, matándote a ti misma un poquito más, torturándote paulatinamente. No sabes cuánto tiempo te queda, y sólo te apetece tirarte en la cama y esperar, tienes ganas de llorar otra vez, como el día seis, y sus posteriores, y no levantarte hasta que él venga y te diga que todo está bien. Que si quieres intentarlo otra vez, volver a la magia de aquellos tiempos, pero haciéndolo bien.
Viernes uno de octubre, cuatro y media de la tarde.

''Nunca hubo otra, a quien yo quería era a ti, pero no encontraba el modo de decírtelo. Te quiero, te quiero, te quiero, llevaba tanto tiempo aguantándome...cuando a ti te costaba tanto. Sé que es difícil, pero si ellos pueden, ¿por qué no nosotros, quieres intentarlo? Claro que sí, no sabes cuánto llevaba esperando esto, cuántas veces había soñado con este momento. Te quiero. Yo sí que te quiero, carbayón''.

Debo de estar loca. Hablo conmigo misma... aunque puede que tengas parte de la culpa de mi locura.

febrero 25, 2011

Despiértame



Lo intentaron, claro que lo intentaron. Era algo por lo que merecía la pena luchar.A pesar de todos los errores, de las continuas desilusiones, de discusiones, reflexiones, cambios por las dos partes, autocontrol, esperanza, ilusión, fe, de sentimientos, palabras, más problemas, de las tardes que nunca fueron, de los fallos de cada uno...intentaron superarlo todo, pero hay veces que la corriente es tan fuerte que no puedes luchar contra ella. Y se dejaron arrastrar, limitándose a ver adónde les llevaba, si algún día les ahogaría o les devolvería a la orilla. Juntos, o separados. Porque hay veces que la intención no es lo que cuenta, porque en ocasiones las malas rachas no se acaban por más que ambos pongáis todos los medios. Y tarde o temprano uno de los dos llegará a un punto en el que diga basta, que se acabó para siempre, que no pudo ser. Pero, ¿se puede terminar con algo que ya está acabado?

Sentimientos. Alegría inmensa, que lo inunda todo, que te da confianza en que todo puede ir a mejor. Tristeza absoluta, desolación, estar al borde del abismo, del pozo, a punto de caer y perderte para siempre. Ira, enfado, ceguera...sólo que no visual. Cariño, amor, ternura. Impaciencia, derrotismo. Optimismo contra pesimismo. ¿Y el realismo? ¿Y lo que verdaderamente importa? Pero, ¿compensa? Supongo que da igual que lo haga o no. Al final siempre va a ser mejor un poco que te deje con ganas de más, que nada. Que sentirte sola y perdida, sin un lugar seguro al que huir, pues por más veces que lo he intentado, no he conseguido esconderme de mí misma, ni de él, ni de lo que siento. Sentimientos... ¿acaso puedes elegir cuando borrarlos? Sería más fácil, pero siempre me han gustado los retos. Aunque últimamente nunca gano, y puede que esté condenada a perder siempre.

¿Qué puedes hacer cuando lo único que te quedan son recuerdos, que cada vez son menos en más tiempo? ¿Qué puedes hacer cuando todo tu amor se acumula en tu pecho, te lo oprime y te lo destroza, sin que puedas remediarlo? ¿Qué ocurre cuando tu corazón está a punto de pararse?

Me dicen que tenga paciencia. Pero para eso hace falta esperanza, y no sé dónde se esconde. Quizá, ojalá sea como cuando pierdes las llaves, que por más que miras y te desesperas buscándolas, están delante de tus narices.

Yo no quiero, no conozco el modo de poner un punto final, pero tampoco sé si a mi pluma le queda tinta y puede que vaya siendo hora de hacerlo. Ven, corre, tráeme más. Dame algo con...por lo que seguir escribiendo.

Sólo pido una cosa. Ven, ven y abrázame muy fuerte, bésame y dime que me quieres, que esto ha sido sólo una pesadilla.

Despiértame.

febrero 20, 2011

Ego ou boulomai...lanzaneiv.

Hay veces en la vida que cometemos errores. Es normal, todos somos humanos y tenemos el derecho de equivocarnos...pero, ¿y si en uno de esos momentos estropeas algo realmente importante? ¿Y si te das cuenta, tarde, de que podrías no volver a recuperarlo, y de que era lo único que necesitabas para seguir respirando? Sin embargo, he aprendido más de mis equivocaciones que de mis aciertos, y de esa absurda decisión más que de todo lo correcto que he hecho. O puede que, como me dijo una vez una amiga... no maduremos por los errores, sino por amor. Porque nos damos cuenta de que si no cambiamos ciertas cosas, podemos perderlo.

Jamás pensé que eso pudiera tener un futuro más allá de unos meses, lo veía demasiado improbable, le ponía pegas a todo lo que iba mal, y hasta a lo que iba bien. Veía defectos en todo, y por querer evitar sufrir cuando se acabara, decidí no pensar en estar juntos mucho tiempo. Y en dejarlo cuando me asusté de que la distancia pudiera más que yo. Lo peor es que me he dado cuenta demasiado tarde de que hubiera podido haber un siempre, que tú podrías ser esa persona a la que llaman la media naranja, el amor de una vida, ese alguien por el que lo dejarías todo y no volverías a mirar atrás, por quien vale la pena luchar. Aquel al que nunca llegues a olvidar del todo, que se quede con un pedazo de tu corazón... o con él entero. Si algo sé es que jamás te voy a olvidar, es una de esas cosas que tienes claras y que no pueden borrarse, por buena que sea la goma. He intentado pensar en otros caminos, en otras personas, y quizá la perspectiva fuera mejor, podría encajar todo, pero nunca he querido eso. Sólo quiero esas pequeñas imperfecciones que podemos salvar, y no quiero ser dos gotas de agua... eso provoca aburrimiento. Quiero algo distinto, opuesto a mí, y te quiero a ti.

Un día, mi profesora de griego me contó esto. Es algo curioso, en ese idioma, aprender, ''manzano'', y olvidar, ''lanzano'', solo se diferencian en su raíz en una letra, pero son cosas completamente contrarias. Podemos elegir qué aprender, cuándo hacerlo y en qué cantidad, y existen multitud de formas para recordarlo y memorizarlo. En cambio, una vez que lo hacemos, no tenemos forma de olvidar, se ha quedado grabado. Puede que la vida fuera más fácil si pudieramos borrarlo, nos ahorraríamos muchos sufrimientos. Sin embargo, yo no quiero olvidar. No quiero olvidarte; eres lo mejor que me ha pasado, y lo que más me ha hecho crecer como persona.

Últimamente estoy perdida. No sé qué hacer, porque lo único que llevo haciendo estas dos semanas es seguir en estado de espera, aguardando por tu respuesta, un sí, o un no. Una continuación, esta vez haciéndolo bien, o una despedida que bifurque nuestro camino en dos direcciones completamente opuestas. Pero, ¿sabes qué? Sin ti, el mío no estará marcado, no sabré adónde ir. Porque soy inestable, y necesito algo que me de seguridad. Soy una ráfaga de viento, que necesita su veleta para que le diga por dónde va. Soy fuego, y cuando me descontrolo y amenazo con destruírlo todo, necesito un extintor. Soy un satélite, y necesito un mundo al que anclarme para no vagar sin rumbo. Soy una extranjera que necesita su mapa. Soy tantas cosas... y sin embargo, no soy nada sin ti.

Te quiero.

febrero 15, 2011

Quiero...

El tiempo pasa y yo sigo aquí, dándole vueltas una y otra vez a lo mismo. Ya no distingo lo blanco de lo negro, sencillamente, me da igual de qué color sea. Sólo quiero que esta pesadilla se acabe de una maldita vez, quiero despertarme de este sueño en el que llevo inmersa días que me parecen meses. Quiero volver a despertarme con una sonrisa, quiero volver a dormirme con ella todavía pintada en la cara, quiero volver a esperar que sea de noche y contarte mi día, y que te rías de lo torpe que soy, quiero volver a llenar esos silencios con un simple ''te quiero''. Quiero volver a repetírtelo hasta la saciedad, quiero volver a verte, a sentir tus dedos recorriendo mi espalda, tus labios sobre los míos, quiero que vuelvas a cogerme de la mano por la calle y te quejes de lo fría que está. Quiero volver a acariciarte el cuello, el pelo, y que me abraces muy fuerte otra vez, diciéndome sin palabras que no me vaya. Quiero volver a recorrer esa ciudad a tu lado, quiero que volvamos a esa playa y salir corriendo cuando empiece a llover. Quiero sonreír cuando haya tormenta, porque me recuerda tardes contigo. Quiero aprovechar mejor el poco tiempo que podemos estar juntos, y susurrarte al oído cuánto te necesito.

Me arrepiento de todos mis errores, me arrepiento de haberme dejado cegar por tonterías y actuar por impulsos, me arrepiento de aquella estúpida decisión del día seis, me arrepiento de no saber lo que tenía hasta que lo perdí, hasta que te perdí ya por segunda vez. Me arrepiento, sobre todo, de haberte hecho daño. Eso es algo que nunca me perdonaré. Y mil veces por segundo me juro que no volverá a pasar lo mismo, que no cometeré los mismos errores, porque ahora me doy cuenta de lo que era realmente importante y no supe valorar, y sé que nunca voy a volver a estar tan ciega ni a dejarte marchar. Porque he aprendido que no puedo vivir sin ti.

No voy a decir que ojalá pudiera volver atrás, creo que necesitaba algo como lo que pasó para darme cuenta de todo lo que estaba haciendo mal. Lo que si puedo decir es que ojalá pudiera arreglarlo todo y volver a ser feliz a tu lado, la única forma que sé de conseguirlo. Quiero, esta vez sí, un te quiero y un siempre, porque ya te dije que nunca dejarás de tener un pedacito de mi corazón. Ya es demasiado tarde para intentar echarte de él, tanto, que ni siquiera quiero intentarlo.

Te quiero, y si algo puedo decir a ciencia cierta, es que nunca quise a nadie así. Que has ganado esa batalla contra mi corazón, y has sido el único que ha podido derribar esos muros tras los que siempre me escondí.

Te echo mucho de menos, pequeñajo.

febrero 09, 2011

Laberinto

¿Por qué todo me sale mal? ¿Por qué tropiezo siempre, por qué no puedo hacer lo que quiero por una vez en mi vida? Y lo peor, es eso. ¿Qué quiero? ¿Por qué no puedo tener una opinión fija?


El otro día lo tenía claro. No podía seguir así y tenía que dejarlo, era una continua tortura, cada día algo en mí se desgarraba un poquito más. Llegué a creer que hice lo que quería, y que podía vivir sin ti, que sería relativamente fácil. Y una vez más, como últimamente, me equivocaba. Cuando menos lo espero, vuelves a aparecer en mis pensamientos, y en mitad de clase, en mitad de la calle, en mitad de una conversación con mis amigos, me entran ganas de llorar otra vez, aunque ya pensara que no me quedaban lágrimas. Me siento delante del ordenador, y sólo ver tu nombre escrito hace que quiera tumbarme en la cama, tal y como solía estar cuando empezamos a hablar, y volver a hacerlo. Eso, o lo primero.


Ni siquiera sé cómo estás tú. Ni lo que quieres. Ni si te gustaría volver conmigo. Ni si prefieres dejarme de lado y buscarte a otra. No sé nada, y eso probablemente es lo peor. El no saber qué hacer. Le doy vueltas a todo, y creo que me equivoqué. Sigo pensando, y creo que yo tengo, al menos, tanta culpa como tú. Sí, vale, a veces pasabas un poco de todo, pero es que yo... soy demasiado cabezota, demasiado inestable, y mas impulsiva aún. Me pienso las cosas, pero las pienso en caliente, y exploto y no lo controlo. Hago las cosas y luego me arrepiento. Y ahora estoy demasiado confusa, todo es un laberinto, no sé que camino coger, no sé que hacer. No tengo ni la más remota idea de qué decisión tomar.


Quiero ver una luz al final del túnel, de una vez por todas. Quiero saber algo fijo en mi vida, de una vez, porque si no voy a volverme loca. Y quizá ya no me falte mucho para hacerlo.

I miss you.

febrero 08, 2011

Impotencia

Veo tu nombre ahí, escrito, indicándome que estás conectado. Estos días es lo único que hago. Con sólo darle a un botón, podría hablar contigo, ¿sabes? Inventándome cualquier tontería. Pero decidí, decidimos, que se había acabado, por culpa mía, por no saber llevar bien la distancia. Y me torturo una y otra vez, mirándolo, pensando en lo fácil que sería, pero en lo inalcanzable que es. Ayer te pregunté si querías que me fuera para siempre, o que me quedara, y elegiste lo último...pero no voy a ser yo la tonta que te hable, no, tengo que dejar de ser esa pesada que siempre, a todas horas, quería hablar contigo.

Vuelvo a mirarlo. Una última vez. Y otra, y otra, y otra, sabiendo que tú sientes lo mismo que yo, pero que no puede ser. Me atrevo a abrirte conversación, pero la dejo así, tal cual está. Igual por algún casual me hablas, pero no lo creo. Hice demasiado daño y no me lo merezco. Sigo pensando que tal vez lo mejor sería irme y no volver. Bloquear tus llamadas, aunque nunca volvieras a marcar ese número que antes siempre iluminaba tu pantalla. Bloquearte en todas las redes sociales, en el MSN, aunque sepa que apenas lo abres. Que lo hacías, casi únicamente, para hablar conmigo.

Me gustaría escribirte que te echo de menos. Decirte otra vez cuánto te quiero... pero ya no debí hacerlo ayer, no puedo hacerlo hoy. Dije que era la última vez y voy a cumplir mi palabra, pero por favor, no lo olvides.

Esto está siendo más duro de lo que pensaba. Cova, contrólate, domínate, no digas nada. No es necesario, si él quisiera hablar, lo habría hecho. No puedes seguir así, sólo te haces daño. ¿Y qué mas da un poco más, un poco menos?

La vida es jodida, pero es así. A cada uno, lo que le toca, lo que recibe de lo que él mismo hizo. O de lo que dejó de hacer. De lo que empezó, de lo que acabó.

No sé qué hago escribiendo todo esto. A la mierda, se acabó.

Te quiero, joder, te quiero. ¿Por qué todo es tan absurdamente complicado?

Time to say goodbye


Mi cabeza le da vueltas una y otra vez a todo lo que ha pasado. ¿Sabes? Cuando me despierto, pienso que todo ha sido una pesadilla, un mal sueño, y sonrío. Pero luego me acuerdo de que he estado toda la noche llorando, llorando por lo que he hecho, llorando por lo que ha pasado. Porque se  me fue todo de las manos, no podía aguantar más. Creí que era mejor dejarlo ya, antes de hacerme más daño, y no sé que fue peor, si el remedio o la enfermedad. El sufrimiento, presente en ambos casos... pero uno de ellos, aunque más duro a corto plazo, menos doloroso en un futuro. Me doy cuenta de lo egoísta que he sigo, y me apetece quedarme en mi cama, culpándome por lo que hice, todo el día, o romper cosas, o gritar y abandonarme a mis sentimientos de una vez.


Sin embargo, sé que dentro de una semana, quizá dos, no volveré a derramar una lágrima por ti. En un mes, puede que se me quiten las ganas de llorar. En dos, puede que deje de pensar cada segundo en ti, y hacer que sea cada hora. En tres, volveré a ser feliz...pero me faltará algo. Me faltarás tú. Y algo que tengo muy claro, de estas cosas que no sabes por qué las sabes, pero las sabes (valga la redundancia), es que no voy a olvidarte, probablemente, nunca. No es como las otras veces que me enamoré, que siempre tuve presente que un día esa persona dejaría de tener importancia, que nunca podría ofrecerles un futuro medianamente lejano, solo un carpe diem. Lo noto en mi corazón, te noto aferrado a él, siento que te has escondido en un rincón y que puedes volver a salir en cualquier momento. Ya te dije que un pedacito de él es tuyo, y siempre lo será. Me has marcado de una forma especial, de esa manera en la que tan poca gente lo hace.

La noche anterior tuve un sueño, seguramente el más real de cuantos he tenido. En cuanto me desperté, me supo a despedida. Poco más tarde lo comprobé, y un título de una canción que nunca había escuchado, sonó en mi cabeza. Goodbye, my lover. Y así fue, aunque por un momento pensara que se había arreglado todo.

Quizá debería desaparecer de tu vida. No sería difícil. Olvidarte, sí, pero no allanarte a ti el camino para que dentro de muy poco yo no signifique nada...Y eso mismo, me da miedo. Me aterra que un día, me digas que hay otra, que no te voy a volver a importar por mucho que yo te siga queriendo. Pero al mismo tiempo deseo que pase, porque no te mereces seguir mirando hacia una luz que se aleja, una luz débil que amenaza con apagarse con sus propias lágrimas, una luz que puede seguir siendo inalcanzable durante años. No quiero que malgastes tu tiempo con algo que si vuelve, será en mucho tiempo.

Sólo hazme una promesa. Prométeme que, pase lo que pase, vas a ser feliz. Sólo eso. Y perdóname.

Te quiero.

febrero 06, 2011

Lluvia, tormenta, huracán...¿y el sol?

Llueve. Hoy no llueve fuera, en la calle; llueve dentro, en mi corazón. Gotitas de lluvia hoy no salpican mi ventana; sin embargo, gotitas de lluvia luchan por salir, por escapar de mis ojos, en una loca carrera por mis mejillas. Por decir, ''¿Sabes? Estamos aquí. Y por más que nos reprimas, vamos a seguir estando''. Luchan por hacer visible que sigo siendo humana, que sigo sintiendo, que no estoy muerta, una vez más, por dentro. Que sigo, irremediablemente, amando. Que sigo, como un ciego, a una luz que se apaga por momentos. Que sigo, sin un final a la vista, sufriendo.

Es algo que ya escapa a mi control. Que lo lleva haciendo desde que decidí dejar mi vida en manos de otra persona. Que cada día, va a más. Se me escapa de las manos, poco a poco. Y que aunque intente solucionarlo, una, y otra, y otra vez se va. Y vuelve cuando quiere, no cuando yo quiero. Que me deja sin ganas de reír, de comer, de dormir, de soñar, de ser feliz, de seguir, de pelear, de ganar, de sentir...casi, hasta de vivir. Hace que sólo me apetezca dormir, porque esa lluvia que antes caía, es ya una tormenta.

Perdón. Mil y un ''lo siento''. ¿Y cuántos arrepentimentos fueron de verdad? No tengo ni idea. Sólo puedo esperar a que pase el huracán. La lluvia, la tormenta, le han dado paso. Han dado paso a muchas cosas, a muchos quebraderos de cabeza, a noches sin dormir, preguntándome, replanteándomelo todo. Pensando incluso, en si te sigo queriendo. En si tú, tú, sigues haciéndolo. En por qué huyes, en por qué callas, en por qué ya nada es como era antes. En la alegría de los tiempos felices. Cuando hablábamos horas y horas, cuando nos veíamos a menudo. Aquellos días en los que el juego pasó a ser realidad, en los que me dabas razones para luchar.
Dicen que después de la lluvia sale el sol. Que después de la tormenta llega la calma. Que después del huracán, sale un arcoiris. Sólo espero que sea verdad. Porque...yo al menos, te sigo queriendo, irremediablemente.