febrero 08, 2011

Impotencia

Veo tu nombre ahí, escrito, indicándome que estás conectado. Estos días es lo único que hago. Con sólo darle a un botón, podría hablar contigo, ¿sabes? Inventándome cualquier tontería. Pero decidí, decidimos, que se había acabado, por culpa mía, por no saber llevar bien la distancia. Y me torturo una y otra vez, mirándolo, pensando en lo fácil que sería, pero en lo inalcanzable que es. Ayer te pregunté si querías que me fuera para siempre, o que me quedara, y elegiste lo último...pero no voy a ser yo la tonta que te hable, no, tengo que dejar de ser esa pesada que siempre, a todas horas, quería hablar contigo.

Vuelvo a mirarlo. Una última vez. Y otra, y otra, y otra, sabiendo que tú sientes lo mismo que yo, pero que no puede ser. Me atrevo a abrirte conversación, pero la dejo así, tal cual está. Igual por algún casual me hablas, pero no lo creo. Hice demasiado daño y no me lo merezco. Sigo pensando que tal vez lo mejor sería irme y no volver. Bloquear tus llamadas, aunque nunca volvieras a marcar ese número que antes siempre iluminaba tu pantalla. Bloquearte en todas las redes sociales, en el MSN, aunque sepa que apenas lo abres. Que lo hacías, casi únicamente, para hablar conmigo.

Me gustaría escribirte que te echo de menos. Decirte otra vez cuánto te quiero... pero ya no debí hacerlo ayer, no puedo hacerlo hoy. Dije que era la última vez y voy a cumplir mi palabra, pero por favor, no lo olvides.

Esto está siendo más duro de lo que pensaba. Cova, contrólate, domínate, no digas nada. No es necesario, si él quisiera hablar, lo habría hecho. No puedes seguir así, sólo te haces daño. ¿Y qué mas da un poco más, un poco menos?

La vida es jodida, pero es así. A cada uno, lo que le toca, lo que recibe de lo que él mismo hizo. O de lo que dejó de hacer. De lo que empezó, de lo que acabó.

No sé qué hago escribiendo todo esto. A la mierda, se acabó.

Te quiero, joder, te quiero. ¿Por qué todo es tan absurdamente complicado?

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