abril 30, 2011

Una llamada

Dicen que a veces un solo acto puede cambiar toda una vida, aunque haya otros que piensen que las cosas pasan porque tienen que pasar, que no importan nuestras decisiones. Bien, yo soy de ese primer grupo de gente. No creo en el destino, y probablemente no lo haré nunca. No creo en un dios, no creo en la magia, no creo en el futuro, no creo en los cuentos con finales felices. Lo único en lo que creo es en las personas, y en la capacidad que todas ellas tienen de moldear su vida. En esa tremenda maraña de hilos que se enredan unos con otros, que se rompen, que se cortan, que se añaden, todo por pequeñas casualidades y acciones. En ocasiones, lo que hagas te puede salir bien, o puede tener un final oscuro. Otras veces, en cambio, no depende de ti. Incluyes a más personas, con sus propios intereses... y puede que un día tú ya no seas uno de ellos.

Hubo un tiempo en el que luché por una causa perdida, por una oportunidad que no llegaba, por algo en lo que hacía falta otra persona... y caí, tropecé, volví a caer, repitiendo el ciclo tantas veces que perdí la cuenta. No hacía caso de nadie y continué sin dormir, con poco apetito, sin ganas de seguir adelante. Llegué al límite de lo que un ser humano puede soportar. Al final creí atisbar un retazo de esperanza, que sólo sirvió para hundirme más aún. A pesar de todo, no abandoné. Lo intenté una última vez. ''Mañana hablamos de todo esto''.

He dicho que las casualidades que pueden cambiar una vida, además de los actos de las personas... pero también las oportunidades que dejamos pasar. Y todo puede salir de manera que te arrastren de nuevo al pozo. Por suerte, algo tan simple como una sola llamada cambió radicalmente mi vida. O más bien, el no recibirla.

Nunca volvimos a hablar del tema. Nunca supo, ni seguramente sabrá, todo lo que tenía que decirle. Nunca dijimos todo aquello que nunca deberíamos habernos callado. Nunca nos explicamos, y nunca nos acabamos de entender. Nunca me llamó aquella mañana... y esa decisión de no marcar nueve dígitos en su teléfono lo cambió todo, junto con la noche anterior. Un nuevo hilo, un nuevo hilo que quiso pelear por entrar en el tapiz. En mi tapiz. Lugar y momento exactos, situación adecuada. Una segunda oportunidad de hacer las cosas bien... con otra persona, contigo. Me rendí, ¿y sabes qué? Nunca, repito, nunca, me alegré tanto de que no me llamaran. Nunca me arrepentiré de haberme rendido y haber apostado por ti.

Este es el verdadero principio de nuestra historia. No lo fue conocerte, ni hablar contigo, ni saber de tu existencia desde un día en el cine cuando te vi con unas amigas, tuyas y mías. Fue una noche a las tres de la mañana, y una ''no-llamada''. Fue cómo me ganaste en poco menos de una semana. Y todo continuó con un número que no olvidaré. Veinticinco. Un número grabado ahora en una pulsera... y lo más importante, en mi corazón.

¿Sabes qué? Sí, ya lo sabes.

Te quiero.

abril 20, 2011

And I won't let this go

No quiero que este momento se acabe nunca. Este momento que dura días, que parece mucho más tiempo del que realmente lleva durando. Que ha sido mi segunda oportunidad, mi nuevo comienzo, desde cero, para hacer las cosas bien, para hacerlas cuando hay que hacerlas. Este momento que he pasado a tu lado, porque tú te empeñaste en ello, no te rendiste, me aguantaste, quisiste intentar algo cuando yo sólo te decía todos mis errores, mis defectos, quisiste reparar un corazón destrozado, roto en mil pedazos que se comían unos a otros, y, sobre todo, porque tú me diste esa confianza que siempre me faltó.

Sabes que esperaría mi vida entera sólo para verte sonreír una vez más. Lo que no sabes es que mi vida empezó aquel sábado cuando, a las tres de la mañana, me pediste una locura. Me pediste intentar algo que quería, pero que no me atrevía a soñar, ni a reconocer... hasta que me convenciste de lo contrario, de que valía la pena dejar que algunas cosas se fueran, cosas que en realidad ya se había ido hacía mucho, para que otras nuevas ocuparan su lugar, de tal forma que pareciera que siempre habían estado ahí.


¿Cómo se puede conocer tanto a una persona, cómo se puede llegar a depender tanto de ella en menos de un mes? ¿Cómo puedes querer tanto a alguien? Claro que todavía queda mucho para saberlo todo sobre él, pero es increíble lo mucho que sé en unos días. Cosas importantes, pero también pequeños detalles, como que sabe chino pero no tiene ni idea de cómo se escribe. Como que nunca le pone los puntos a las íes. Como que a pesar de ser moreno tiene pelos pelirrojos, rubios, e incluso canas. Como que se puede poner tan serio que si un cómico sacara su mejor repertorio no se reiría, aunque el resto del tiempo cualquier chiste le haga gracia. 

Gracias por todos esos pequeños detalles que tienes, esos pequeños detalles que dices, y por todo lo que haces por mí. Por nosotros. Por que esto fuera posible. Por salvarme, por quererme, por aguantarme, por todas esas tardes, por llevarme en moto sólo por estar un poco más conmigo, por venir hasta aquí todas las mañanas sólo por un beso, por estar siempre disponible, por sacarme una sonrisa cuando menos me apetece reír. Por ser tú y por tener esa absoluta confianza en ti y en mí. Y por dármela.

Te quiero un montón, ¿lo sabes ya, no? Que nunca se te olvide... aunque bueno, me vas a tener a mí siempre ahí para recordártelo... cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo que tú sigas queriéndome. 


abril 03, 2011

YZ

A veces me pregunto cómo he podido vivir mis diecisiete años de vida sin ti. En tan poco tiempo me he acostumbrado tanto a tu presencia que se me hace insoportable la idea de que un día no pueda volver a llamarte a las cuatro de la mañana, que no reciba un mensaje tuyo antes de irme a dormir, que cuando salga de casa a las ocho no estés ahí, esperándome sólo para darme un beso. Que no vuelvas a sonreírme, a decirme lo primero que se pase por la cabeza, a aguantarme cuando bebo más de la cuenta. A ayudar a mis amigos sin apenas conocerlos.

Igual no siempre gana la razón. Igual hay ocasiones en las que lo que manda es el corazón. No tiene sentido que en tan sólo unas semanas te quiera tanto, y no quiero buscárselo. Que se pierda, que no se vaya la ilusión, que no mueran nuestras ganas de vivir cada momento que sea posible...juntos. Igual ya no quiero seguir anclada a la tierra, o igual lo que me mantiene en pie ahora ya no es la gravedad. Igual hace tiempo que no me duermo sin pensar en ti; igual hace mucho que no me despierto sin acordarme de ti. Lo más seguro es que no quiero volver a intentar recorrer mi camino sin que el tuyo pase a mi lado...y la verdad, tampoco creo que pudiera soportarlo.

¿Cómo puedo decirte lo mucho que significas para mí? ¿Cómo puedo hacerte entender que tú, sólo tú, eres mi salvación? Que tú me has sacado de ese pozo en el que hacía tiempo que me encontraba, tú me has tirado un salvavidas en medio del océano. Que tú me has hecho recuperar una sonrisa perdida, tú le has devuelto el brillo a mis ojos. Que tú has sido mi faro en medio de la oscuridad, tú eres esa vela que, como decía aquella película, no pierde su luz por compartirla con otra...ni siquiera cuando esa otra es tan difícil de prender. Ni siquiera cuando esa soy yo.

Te quiero, te quiero, te quiero, y esto puede que sea lo mejor que me haya pasado en mi vida. El mejor regalo de cumpleaños que podía haber tenido, y el mejor motivo para seguir con mi vida, haciéndote un hueco en ella.

No hagas caso de todas las tonterías que pueda decirte, ni de las locuras que te diga que puedo hacer cuando, dentro de unos días, cada uno de nosotros dos comience una cuenta atrás para volver a vernos. Te quiero a ti, y eso es lo único que me importa y lo único que necesito.

Ya lo sabes. Te amo, y cada día que pase daré las gracias por poder volver a verte una vez más. 

Gracias.