septiembre 07, 2011

Una historia

- ¿Qué quieres que te cuente?
- No sé, algo, cualquier cosa, una historia.
- ¿Cuál quieres que te cuente?
- Una que nunca, nunca jamás, le haya contado nadie a ninguna persona. La historia que más te guste a ti.
- ¿ La que nunca se ha contado? ¿La que más me gusta? Préstame atención, porque te prometo que nunca, nadie más, volverá a contártela. Nunca, nadie más, volverá a oírla. Nunca, nadie, conseguirá repetirla. Cuando acabe te diré por qué.

Parecía un día más. Uno más de toda esa serie de días grises, casi negros por completo, que se repetían cada vez que, sin ganas desde hace más de lo que debería permitirse, me levantaba por la mañana. Sin ilusión, sin ganas, sin ese deseo de vivir que antes siempre tenía. Pero ese día, esa misma noche, todas las piezas del rompecabezas se empezaron a juntar. Ese mecanismo que hace que se mueva el reloj se puso en marcha. 

Empecemos por el principio. Hacía mes y medio que mi propia vida no me importaba. Que se me había roto el corazón. Que me habían demostrado que la realidad, que esa persona, no era la que había soñado. Y una tarde, mientras esperaba a que llegara una amiga, fui encontrando mi camino por casualidad, con una persona que de repente, me hablaba con un simple ''CovaCovaCovaCovaCovaCovaCova''. Una persona que por unos minutos que hablaba con ella algún que otro día, me hacía olvidar por un momento ese dolor constante que se había instalado, con amenaza de quedarse siempre, en mi corazón.

Sin saberlo, había encontrado mi medicina.

Un diecinueve, un día diecinueve de marzo, podría haber sido como cualquier otro. Pero alguien, alguien que se había ganado un hueco en mi vida en muy poco tiempo, hizo que yo lo pudiera recordar. A las tres de la mañana, me pidió una locura. Sin apenas conocerme, sin saber si salía con otro, a pesar de todo lo malo que le había contado yo misma sobre mí, se atrevió a pedírmela. A pesar de todo, quiso intentar algo. Y a pesar de todo, me decía que me quería. Me descubría que todo el mundo tiene segundas oportunidades... hasta yo. Y que otras no se merecen una tercera.

Otra vez un golpe de suerte. A la mañana siguiente, un domingo, debería haber recibido la llamada que lo arreglaría todo... y quién sabe realmente por qué, si por miedo, si por derrotismo, si por olvido, nunca me llamó. Nunca me alegraré tanto de no recibir una llamada importante, porque eso fue lo que impulsó a tomar una decisión... la de darte una oportunidad. La de darme a mí una última oportunidad de volver a ser feliz.

Lunes, seis de la tarde. En la puerta del RGCC, tras salir de voley, está esperándome un chico. Alguien a quien quiero conocer antes de decidir. Alguien que puede reparar mi corazón. Los dos besos más incómodos de mi vida. Me acompaña a casa, sin atreverse a tocarme, sacando tema de conversación a pesar de lo poco que nos conocemos. Inquietantemente, adivina mi calle, mi portal, mi piso. Hasta la letra.

Jueves, veinticuatro. Mismo sitio. Esta vez, en lugar de un paseo, me lleva en moto. Qué nervios, nunca monté, tengo miedo. Me agarro fuerte a él, y disfruto de poder tocarle con una excusa. Me pregunta adónde quiero ir y no sé que contestar, así que me lleva al parque de Isabel La Católica. Un paseo por el muro, en el que aprovecha para cogerme de la mano, ya con más confianza tras hablar cada día con él, tras sacarme una sonrisa cada vez que recibo un sms suyo por la noche. Otra vez, más nervios. Volvemos al parque y busca un  banco, mientras yo me acuerdo de aquel... verso, que me pidió el otro día. Porque, como él dijo... ¿qué rima con verso?

Beso. ¿Cómo podría describirlo? Es algo por lo que mucha gente ya ha pasado, pero que pocos sabrán lo que realmente puede llegar a significar. Que apenas puedo explicar con palabras. Es... sentirte uno con otra persona. Querer congelar ese momento y guardarlo, para poder sacarlo en cualquier momento. Es no querer que acabe nunca. Es... mágico. Marcó un inicio y me ayudó a poder darte una respuesta a su pregunta de cada día.

Viernes, veinticinco de marzo de 2011. Siete y veinte de la mañana. ''Sí. Te quiero''. Y el resto, ya todo el mundo lo sabe. El final... ya nadie lo sabrá, por la sencilla razón de que te querré... hasta que este corazón deje de latir. Más incluso. Eviternamente.

No quiero un final feliz. Sólo hay una cosa que te pido... que no haya uno. Porque esta historia es la nuestra, eres esa persona que siempre quise, esa que sin buscarla, apareció. Y por eso nadie más va a poder repetirla,  y nadie, sólo nosotros, podrá escribirla, ni contarla.


Wo ai ni, Yun. Por siempre.

25.03.11

agosto 05, 2011

Everything I need

Antes, mucho antes, cuando todo esto ni siquiera había empezado, pensaste que era uno más. Tan sólo eso, algo con lo que pasar el rato. Antes, pensaste que hablar, que tontear con él era tan sólo una forma de olvidar tus heridas. Antes, hace tiempo, pensaste que no llegaría a nada, que sería como aquellas cámaras. Usar y tirar. Como algo de lo que te encaprichas y te cansas en cuanto lo consigues. Lo que antes nunca creíste fue que llegara a ser el único, que llegara a significarlo todo... y a cambiarlo todo. Pasar tiempo con él no te hacía olvidar las heridas tan profundas que otro amor te había causado. No, te las curó sin que te dieras cuenta. Las cerró sin pretenderlo, las borró. Un día te levantaste y se te olvidó pensar en lo que había pasado, y por la noche no fue el nombre de aquella otra persona el que susurraste. Y no fue una equivocación, en realidad el único nombre que no desaparecía de tu cabeza era otro nuevo. Yun. Yun Zhao. Sonaba tan bien, sonaba tan... libre, tan confiado, tan lleno de ilusión... de seguridad. De promesas, de emoción. De amor. 


Rápidamente te diste cuenta de algo que cambió tu vida. No era uno más, no te ibas a cansar. No era algo pasajero, no era un juego, era algo... que engancha, de lo que cada vez te cuesta más separarte. No era un ''ni contigo ni sin ti'', es un ''sin ti no puedo''. Y después de cuatro meses, y habiendo pasado uno separados hasta por miles de kilómetros, lo tienes más claro aún. Tiene todo lo que querías.


Todo lo que querías. Todo lo que un día buscaste sin encontrarlo. La única cosa por la que realmente merece la pena luchar, por la que darías tu vida. A la que le dedicarías cada minuto de tu vida. ¿Por qué? Porque confía en ti. Porque hace que confíes en ti. Porque sólo una mirada suya sirve para encontrarte. Una mirada suya hace que sepas exactamente cómo está, qué es lo que quiere. Una mirada suya te enseña que lo único que quiere es a ti. Y un solo intercambio de vuestras miradas te muestra mucho más de lo que podríais saber hablando. Porque cada una de sus sonrisas te hace seguir adelante, por duro que sea el camino. Porque cada vez que se ríe de esa forma, sin necesitar nada más, eres feliz. Porque cada vez que su mano te roza deseas que no pare. Cada vez que te coge de la mano rezas porque no te suelte nunca. Cada vez que te agarra por detrás, o te coge de la cintura, deseas que se pare el tiempo. Cada vez que vuestros labios se rozan jurarías que estás en el cielo. Porque lo único que deseas es que vuestros cuerpos se fundan y ser sólo uno. Porque puede ser, es, al mismo tiempo, cariñoso, alegre, serio, juguetón, infantil, maduro, optimista, temeroso, romántico, apasionado, chistoso, irresistible... Porque lo único que te parte el corazón es ver cómo una lágrima resbala por su mejilla.


Es ahora cuando te das cuenta de una cosa. Tu mayor miedo se ha convertido en perderle. La pesadilla que no te deja dormir, que te diga que no te quiere. La tristeza, el miedo a que le pase algo. Una fecha que nunca se te olvidará... 25.03.11


¿Y qué es el amor? El amor, el amor es aquello que siento cuando estoy contigo, y hasta cuando estamos lejos. Tú eres el amor para mí.


Siempre, solos tu y yo.


Te amo.

junio 05, 2011

Grabado a fuego

Es de esas cosas que siempre pensaste que ibas a tener, por el mero hecho de que mucha gente las tiene. Como tener un coche, una casa, un buen trabajo. Pero yo me refiero a otra cosa, quizá la más importante de todas... Tener a esa otra persona, esa que cuando te levantas por las mañanas no tenga necesidad de preguntarte si quieres té o café, ya lo tenga preparado tal y como a ti te gusta. Esa persona que te cuide cuando estés enferma y te saque una sonrisa cuando no tienes fuerzas ni para hablar. Esa persona que siempre pensaste que un día llegaría; te aferraste a esa idea porque, aunque lo negaras, no soportabas ser la única que se quedara sola. Esa que podría estar esperándote, suplicándote por una oportunidad, o que quizá no existe, al menos no para ti. Y eso fue lo que tantas veces pensaste, ''¿Y si no hay nadie para mí?''

La vida siempre te fue dura, aprendiste a sufrir mientras mostrabas a todos tu mejor sonrisa, a llorar en silencio, a ver cómo, cuando por fin llegó alguna te partía el corazón una y otra vez. Aprendiste lo que era sufrir por amor, aprendiste a aceptar todas sus mentiras, a no confiar en la única persona en quien deseabas con todas tus fuerzas hacerlo, aprendiste a luchar tú sola, a que él no pusiera nada de su parte. Aprendiste a borrar todos tus errores y, sin embargo, seguir lamiéndote sola tus heridas, atrapada en el juego de sus caprichos. Pero un día apareció alguien más, y con gestos que no significaron nada en su momento, fue cambiando las cosas. Te enseñó a perder, es más, te enseñó a ganar perdiendo. Y resulta que, a lo mejor, este sí es esa persona que decía antes. Es alguien que te cuida, que se preocupa por ti tanto como tú por él, que no sólo te acepta como eres sino que no le importa que estés sin arreglar, no quiere que te maquilles para verle,te dice que estás guapa igual, no quiere que te pases una hora planchándote el pelo porque le encantan tus rizos. Es alguien que te arregló el corazón, que sufre al verte llorar, que está mal porque a veces piensa que fue su culpa, o porque no soporta que estés enferma sin poder moverte de la cama. Es alguien que cuida de ti cuando tienes cuarenta de fiebre, que te escribe un millón de notas para recordarte lo mucho que te quiere, que no sólo lo escribe, te lo susurra al oído cuando menos te lo esperas.

Me deja sin palabras. Es tan difícil expresar ese cúmulo de sensaciones que me transmite, que podría escribir un libro y nadie lo habría entendido si no hubiera pasado por lo mismo.

¿Cómo voy a hacerle entender la suerte que tengo al tenerle a mi lado? De que cada mañana venga a verme, aunque siempre tarde en bajar y sean cinco (o dos) minutos. De que quiera quedar conmigo cada tarde. De que a veces me coja por detrás,  abrazándome, y parezca que no me va a soltar nunca. De que siempre quiera un beso más, no se enfade cuando le muerdo, y siga insistiendo aún cuando me aparto, jugando. Tengo suerte de que me quiera, y nunca podré agradecérselo lo suficiente.

Hay millones de personas que hoy están buscando su alma gemela. Y si no hubiera habido un montón de casualidades, yo nunca habría encontrado a la mía; seguiría vagando sin rumbo y nunca habría sabido dónde encontrarle. Aun así, después de todo, con lo difícil que ha sido encontrarnos, y volver a chocar justo en el momento adecuado, lo hemos hecho, y puedo considerarme afortunada...porque yo, por suerte, le tengo a él.

Sabes que si hubiera otra vida después de esta volvería a buscarte, y creo que sabría encontrarte... porque hay cosas que, cuando finalmente pasan, por muy difícil que haya sido, son tan importantes que se graban a fuego en tu alma. Y puedes apagar ese fuego, pero no borrar las marcas que ha dejado. Seguirán allí pasen las vidas que pasen, para demostrarme que un día fuiste real, y lucharé porque así sea de nuevo.

Te quiero... y todas estas palabras no son suficientes para que lo comprendas, así que limítate a recordarlas.

Siempre, Yun. Siempre.

mayo 14, 2011

La verdad...

¿La verdad? La verdad, es que no hay nadie más en mi mundo desde aquel veinticinco. La verdad, es que no hay nada que se compare a la sensación que produce cada uno de sus besos. La verdad, es que nunca había querido tanto a alguien, hasta el punto incluso de no considerarnos dos personas distintas, sino algo que no se puede entender sin el otro. La verdad, es que no hay mejor lugar en el mundo que estar tumbados los dos, sobre su hombro. Oyendo su corazón latir. Escuchando su respiración. Notando su calor. Teniendo a pocos centímetros sus labios. Haciendo dibujos sobre su piel, sintiendo sus dedos recorriendo mi espalda, su mano acariciándome el pelo. La verdad, es que a estas alturas no podría vivir sin él. La verdad, es que me siento la persona más afortunada del mundo cuando le veo en mi portal, esperando tan sólo por un beso antes de las clases. La verdad, es que cuando me abraza desearía que no me soltara nunca. La verdad, es que eso es lo que pido cada noche. Que no me deje nunca. Que no me suelte nunca, que nunca se olvide de mí.

Es una de esas certezas que tienes sin saber por qué. Es una comunicación en la que no hacen falta palabras; cada uno sabe lo que piensa y lo que quiere con sólo una mirada. Cada uno adivina los pensamientos del otro. Es ver a su familia y desear formar parte de ella en un futuro. Es ver a la mía y asombrarme de la facilidad con la que le han aceptado, el respeto que le tienen, su confianza en él sólo por lo que yo les he contado. Es el respeto, sin importar diferencias, lenguas, culturas, razas. Es quererle un poquito más cada vez que pienso en él, y es pensar en él cada minuto, cada segundo que pasa. Es encontrar eso a lo que mucha gente llama amor, aún cuando la mayoría no hayan conectado de esta manera con nadie. Es algo que debería tener otro nombre. Sin embargo, no lo tiene, quizá porque no se puede expresar con palabras. Quizá porque decirte simplemente ''te quiero'', no basta para que entiendas todo lo que yo te amo.

Quizá porque debería estar prohibido encontrar a alguien así en la vida. Porque si por algún casual lo pierdes... ¿qué harás después?

Por suerte, alguien me ha jurado que eso no pasará. Por suerte, alguien me repite cuánto me quiere a cada segundo que puede. Por suerte, yo puedo repetírselo a esa persona.

Por suerte, yo te tengo a ti.

¿Sabes qué?

abril 30, 2011

Una llamada

Dicen que a veces un solo acto puede cambiar toda una vida, aunque haya otros que piensen que las cosas pasan porque tienen que pasar, que no importan nuestras decisiones. Bien, yo soy de ese primer grupo de gente. No creo en el destino, y probablemente no lo haré nunca. No creo en un dios, no creo en la magia, no creo en el futuro, no creo en los cuentos con finales felices. Lo único en lo que creo es en las personas, y en la capacidad que todas ellas tienen de moldear su vida. En esa tremenda maraña de hilos que se enredan unos con otros, que se rompen, que se cortan, que se añaden, todo por pequeñas casualidades y acciones. En ocasiones, lo que hagas te puede salir bien, o puede tener un final oscuro. Otras veces, en cambio, no depende de ti. Incluyes a más personas, con sus propios intereses... y puede que un día tú ya no seas uno de ellos.

Hubo un tiempo en el que luché por una causa perdida, por una oportunidad que no llegaba, por algo en lo que hacía falta otra persona... y caí, tropecé, volví a caer, repitiendo el ciclo tantas veces que perdí la cuenta. No hacía caso de nadie y continué sin dormir, con poco apetito, sin ganas de seguir adelante. Llegué al límite de lo que un ser humano puede soportar. Al final creí atisbar un retazo de esperanza, que sólo sirvió para hundirme más aún. A pesar de todo, no abandoné. Lo intenté una última vez. ''Mañana hablamos de todo esto''.

He dicho que las casualidades que pueden cambiar una vida, además de los actos de las personas... pero también las oportunidades que dejamos pasar. Y todo puede salir de manera que te arrastren de nuevo al pozo. Por suerte, algo tan simple como una sola llamada cambió radicalmente mi vida. O más bien, el no recibirla.

Nunca volvimos a hablar del tema. Nunca supo, ni seguramente sabrá, todo lo que tenía que decirle. Nunca dijimos todo aquello que nunca deberíamos habernos callado. Nunca nos explicamos, y nunca nos acabamos de entender. Nunca me llamó aquella mañana... y esa decisión de no marcar nueve dígitos en su teléfono lo cambió todo, junto con la noche anterior. Un nuevo hilo, un nuevo hilo que quiso pelear por entrar en el tapiz. En mi tapiz. Lugar y momento exactos, situación adecuada. Una segunda oportunidad de hacer las cosas bien... con otra persona, contigo. Me rendí, ¿y sabes qué? Nunca, repito, nunca, me alegré tanto de que no me llamaran. Nunca me arrepentiré de haberme rendido y haber apostado por ti.

Este es el verdadero principio de nuestra historia. No lo fue conocerte, ni hablar contigo, ni saber de tu existencia desde un día en el cine cuando te vi con unas amigas, tuyas y mías. Fue una noche a las tres de la mañana, y una ''no-llamada''. Fue cómo me ganaste en poco menos de una semana. Y todo continuó con un número que no olvidaré. Veinticinco. Un número grabado ahora en una pulsera... y lo más importante, en mi corazón.

¿Sabes qué? Sí, ya lo sabes.

Te quiero.

abril 20, 2011

And I won't let this go

No quiero que este momento se acabe nunca. Este momento que dura días, que parece mucho más tiempo del que realmente lleva durando. Que ha sido mi segunda oportunidad, mi nuevo comienzo, desde cero, para hacer las cosas bien, para hacerlas cuando hay que hacerlas. Este momento que he pasado a tu lado, porque tú te empeñaste en ello, no te rendiste, me aguantaste, quisiste intentar algo cuando yo sólo te decía todos mis errores, mis defectos, quisiste reparar un corazón destrozado, roto en mil pedazos que se comían unos a otros, y, sobre todo, porque tú me diste esa confianza que siempre me faltó.

Sabes que esperaría mi vida entera sólo para verte sonreír una vez más. Lo que no sabes es que mi vida empezó aquel sábado cuando, a las tres de la mañana, me pediste una locura. Me pediste intentar algo que quería, pero que no me atrevía a soñar, ni a reconocer... hasta que me convenciste de lo contrario, de que valía la pena dejar que algunas cosas se fueran, cosas que en realidad ya se había ido hacía mucho, para que otras nuevas ocuparan su lugar, de tal forma que pareciera que siempre habían estado ahí.


¿Cómo se puede conocer tanto a una persona, cómo se puede llegar a depender tanto de ella en menos de un mes? ¿Cómo puedes querer tanto a alguien? Claro que todavía queda mucho para saberlo todo sobre él, pero es increíble lo mucho que sé en unos días. Cosas importantes, pero también pequeños detalles, como que sabe chino pero no tiene ni idea de cómo se escribe. Como que nunca le pone los puntos a las íes. Como que a pesar de ser moreno tiene pelos pelirrojos, rubios, e incluso canas. Como que se puede poner tan serio que si un cómico sacara su mejor repertorio no se reiría, aunque el resto del tiempo cualquier chiste le haga gracia. 

Gracias por todos esos pequeños detalles que tienes, esos pequeños detalles que dices, y por todo lo que haces por mí. Por nosotros. Por que esto fuera posible. Por salvarme, por quererme, por aguantarme, por todas esas tardes, por llevarme en moto sólo por estar un poco más conmigo, por venir hasta aquí todas las mañanas sólo por un beso, por estar siempre disponible, por sacarme una sonrisa cuando menos me apetece reír. Por ser tú y por tener esa absoluta confianza en ti y en mí. Y por dármela.

Te quiero un montón, ¿lo sabes ya, no? Que nunca se te olvide... aunque bueno, me vas a tener a mí siempre ahí para recordártelo... cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo que tú sigas queriéndome. 


abril 03, 2011

YZ

A veces me pregunto cómo he podido vivir mis diecisiete años de vida sin ti. En tan poco tiempo me he acostumbrado tanto a tu presencia que se me hace insoportable la idea de que un día no pueda volver a llamarte a las cuatro de la mañana, que no reciba un mensaje tuyo antes de irme a dormir, que cuando salga de casa a las ocho no estés ahí, esperándome sólo para darme un beso. Que no vuelvas a sonreírme, a decirme lo primero que se pase por la cabeza, a aguantarme cuando bebo más de la cuenta. A ayudar a mis amigos sin apenas conocerlos.

Igual no siempre gana la razón. Igual hay ocasiones en las que lo que manda es el corazón. No tiene sentido que en tan sólo unas semanas te quiera tanto, y no quiero buscárselo. Que se pierda, que no se vaya la ilusión, que no mueran nuestras ganas de vivir cada momento que sea posible...juntos. Igual ya no quiero seguir anclada a la tierra, o igual lo que me mantiene en pie ahora ya no es la gravedad. Igual hace tiempo que no me duermo sin pensar en ti; igual hace mucho que no me despierto sin acordarme de ti. Lo más seguro es que no quiero volver a intentar recorrer mi camino sin que el tuyo pase a mi lado...y la verdad, tampoco creo que pudiera soportarlo.

¿Cómo puedo decirte lo mucho que significas para mí? ¿Cómo puedo hacerte entender que tú, sólo tú, eres mi salvación? Que tú me has sacado de ese pozo en el que hacía tiempo que me encontraba, tú me has tirado un salvavidas en medio del océano. Que tú me has hecho recuperar una sonrisa perdida, tú le has devuelto el brillo a mis ojos. Que tú has sido mi faro en medio de la oscuridad, tú eres esa vela que, como decía aquella película, no pierde su luz por compartirla con otra...ni siquiera cuando esa otra es tan difícil de prender. Ni siquiera cuando esa soy yo.

Te quiero, te quiero, te quiero, y esto puede que sea lo mejor que me haya pasado en mi vida. El mejor regalo de cumpleaños que podía haber tenido, y el mejor motivo para seguir con mi vida, haciéndote un hueco en ella.

No hagas caso de todas las tonterías que pueda decirte, ni de las locuras que te diga que puedo hacer cuando, dentro de unos días, cada uno de nosotros dos comience una cuenta atrás para volver a vernos. Te quiero a ti, y eso es lo único que me importa y lo único que necesito.

Ya lo sabes. Te amo, y cada día que pase daré las gracias por poder volver a verte una vez más. 

Gracias.

marzo 29, 2011

Un todo

¿Cuánto tiempo se necesita realmente para llegar a querer a alguien? ¿Y para llegar a olvidar a quien  nunca creíste que ibas a dejar de amar? ¿Cuándo te das cuenta de eso? De que darías todo lo que tienes, y lo que no, por ese alguien nuevo. De que no queda nada para la otra persona. De que, de pronto, es imprescindible para ti. De que ya sólo queda el recuerdo. Sinceramente, en mi opinión, muy poco. Tan poco que llego a pensar una vez más que el tiempo simplemente pasa, que quien obra es el amor.

No sé cómo lo has hecho, cómo has hecho para hacerme cambiar tan rápido de opinión. Para ganarme en un suspiro. Para que no deje de pensar en ti ni un instante. Para que cada día te quiera un poco más. Cómo has hecho para volverme loca, para alterar todos mis sentidos en cuanto alguien menciona tu nombre, para convertirte en mi mundo. Para dejar atrás todos esos miedos que siempre tuve, que creí superar, y que realmente nunca hice... hasta ahora. Para enseñarme a levantarme sonriendo porque vas a estar esperándome en mi portal. O simplemente, porque sé que te has acordado de mí al despertarte. Para hacer que no me sea necesario dormir, sino estar un poco más contigo. Siempre un poco más.

A veces me entra miedo. El miedo a que todo sea un sueño, el miedo a que vuelva a verlo todo demasiado bien como para creérmelo. El miedo a que, precisamente por eso, lo destroce todo, como llevo haciendo toda una vida. El miedo a caer y a tirarte. El miedo a que un día no me quieras. Y a pesar de todo esto, de todos estos miedos, mi mayor pesadilla no es algo. Soy yo. Y tengo miedo de hacerte daño a ti, ya me da igual herirme a mí misma. Has hecho que todos los cambios que se estaban produciendo en mí se fijen de una vez. Has hecho que recupere una sonrisa que creía perdida. Has hecho que confíe en mí, algo que no hacía...en diecisiete años.

Puede que al principio no te des ni cuenta, puede que alguien sea lo más insignificante, un juego o un pasatiempo... pero hay momentos, aunque no sepamos exactamente cuáles son, que esa persona se graba a fuego en tu corazón. Dice que es suyo y se lo va quedando poco a poco, hasta que tú misma ya no lo puedas reclamar. Confían en su éxito, apuestan, arriesgan, ganan. Y lo más sorprendente es que tú no pierdes. También ganas. Y eso es lo que hace que este sentimiento sea mágico. Que dos personas se conocen y, sin saber apenas del otro, deciden darle un pedacito de ellos mismos a su ''alguien'', convirtiéndolo en su ''todo''.

Te quiero, y qué bien sienta poder decirte esto y saber que tú me dirás lo mismo... hasta después de que me canse de escucharlo.


No olvides esto. Tú fuiste mi salvación, eres mi sonrisa y serás por mucho tiempo mi todo.

marzo 22, 2011

C'est fini

¿Sabes? Me acabo de dar cuenta de que llevo un día entero sin acordarme de ti. Ya no miro tu perfil diez, siete, ni siquiera cinco veces al día. De hecho, igual sólo lo hago una, y por rutina. Paso completamente de largo de la M en la lista de conectados y voy hacia el final. Y cuando me paro a pensar todo esto, mi corazón vuelve a latir. Débil, pero late...en cambio, lo que no sé es por quién late. Por mí. Por ti. Por él. Puede que por los tres.

Puede que tu llama esté a punto de extinguirse. Puede que te hayas ido, pero ahora mismo ya no quiero que vuelvas. Puede que me sigas queriendo, pero yo a ti lo estoy empezando a dudar seriamente. Puede que tengas razón. Puede que nada sea para siempre, puede que haya que vivir el momento y disfrutarlo mientras dure. Puede que los vientos estén cambiando. Puede que el barco no se hunda. Puede que la corriente me devuelva a la orilla del mar. Puede que ocupen el que era tu lugar. Puede que matáramos la ilusión. Puede que ya no te eche de menos. Puede que, por fin, esté mejor. Puede incluso que esté bien. Puede que ya no duela. No, puede no; ya no duele. Puede que le quiera. Puede ser, ¿por qué no? ¿Por qué no darle una oportunidad? ¿Por qué no intentar volver a creer en el amor?

Tantos ''puede'', y sólo algo en cierto. Se acabó. Me cansé de sufrir. Me cansé de llorar. Me cansé de forzar cada sonrisa. Me cansé de fingir que estoy bien. Me cansé de mirarlo todo desde el palco, y no poder entrar en escena. Me cansé de verlo todo en blanco y negro. Me cansé de apostar por lo difícil. Me cansé de ti. Me cansé de correr detrás de ese tren cuando es demasiado tarde. Ahora, simplemente, me quedaré quieta en la estación, viendo cómo se marcha, despidiéndote. No sé si es sólo de ida, o tiene vuelta, pero ¿sabes qué? Me da igual. No creo en el futuro, no existe, y no existirá nunca. Cada uno se marca su camino, y en estos momentos ya no quiero que el tuyo y el mío se crucen.

Adiós, pequeñajo, adiós. Hasta siempre, esta vez de verdad. Y gracias, porque un día, aunque ya no te acuerdes, me hiciste feliz. Porque un día, aunque no quieras acordarte, fuiste feliz a mi lado. Porque hubo un tiempo en el que cada uno le dio un pedacito de su corazón al otro, aunque después cada uno lo rompiera a su manera. Gracias.

Goodbye, my lover.

marzo 20, 2011

¿Qué harías?

Hace mucho tiempo que no escribo, que las palabras de pronto se me atragantan, que no me salen. Y el único motivo para ello es que he vuelto a empezar; ante el dolor, he vuelto a pasar de todo, a hacer que todo me resbale, a encerrarme y engañarme con mil y un historias, a autoconvencerme de que estoy bien y a prohibirme pensar en él. He llegado a perfeccionar tanto esa vieja técnica que una vez dije que había enterrado para siempre, que es automático. Engaño a todo el mundo, todos me dicen que notan que estoy mejor. Y también me engaño a mí. También me obligo a creer, la mayor parte del tiempo, que no estoy al fondo del pozo. Que estoy fuera.

Dime, ¿qué harías si alguien te tirara al suelo y se marchara corriendo, y otro te ofreciera una mano para levantarte? ¿Qué harías si tu sol se apagara, y en medio de la oscuridad encontraras una vela? ¿Qué harías si, en medio de una tormenta, tu barco se hundiera y luego quisieran recogerte en una barquita? ¿Qué harías si perdieras al guía en medio del bosque y encontraras un mapa? Lo más normal sería aceptar la segunda opción, ¿no? Pero yo siempre fui complicada, y con unos principios. No veo justo que para esa ayuda que aparece, yo sea la primera alternativa, y precisamente por ello, no sé si huir o intentarlo, o si aferrarme al pasado aun cuando sé que no volverá, que sólo hurgo en la herida hasta que me den un adiós defitivo, que ni siquiera sé si llegará.

Quiero un manual de instrucciones, porque ya no entiendo nada... ni siquiera sé lo que quiero, ni siquiera sé qué hacer, porque no hay una solución para no hacerle daño a nadie, ya es demasiado tarde para todo. Quiero volver a sonreír sin que me cueste, quiero volver a ser feliz, y lo peor de todo es que no sé al lado de quién lo sería...

Quiero una luz al final del túnel.

marzo 09, 2011

Acuérdate

Algo me dice que esto no se acaba aquí. Llámame loca, llámame ilusa, dime que lo más probable es que no entienda nada, pero es una sensación que llevo dentro, es algo que sé aun sin saber cómo. Es exactamente igual que eso que un día me dijo que confiara en ti, que podía contártelo todo. No tenía pruebas, pero lo hice de todas formas. Exactamente igual que cuando supe que no me ibas a fallar de nuevo. Todo apuntaba en contra, pero arriesgué igual. Exactamente igual que cuando me di cuenta de que te quería aun cuando no tuviera motivos, aun cuando no fueras lo que yo buscaba.

Es difícil vivir con ello, pero se puede. Se puede vivir sin ti, por más que duela...tampoco queda otra. La vida no se acaba aquí, aunque todos mis sueños se hayan hecho pedazos. Todo lo que deseaba, todo lo que quería contigo...se ha ido, y lo más probable es que no vuelva nunca. Ahora lo único que me importa es que tú estes bien, solo, con otra, como sea. Sólo prométeme que serás feliz pase lo que pase, ahora solamente necesito saber eso para poder seguir adelante.

¿Qué pasa cuando el echar de menos se convierte en rutina, en tu día a día, en una forma de vida? Es lo que me ha pasado a mí. No puedes hacer nada, y durante mucho, mucho tiempo, proporcional a cuánto hayas querido a esa persona, puede incluso que más, seguirá siéndolo. Tienes que convivir con ello hasta que tu corazón se acuerde de cómo latir... aunque el olvido a distancia es el más duro. Cuando crees que ya no sientes nada, te equivocas. O encuentras un buen clavo o nada más ver a ese alguien, sabrás que todo fue mentira.


Prométemelo. Prométeme que serás feliz. No sé cuánto tiempo más vas a seguir leyendo esto, pero sí sé que quiero lo mejor para ti.

Aprovecha tus nuevas alas. Vuela. Yo seguiré aquí...tratando de volver a vivir, echándote de menos, engañándome al decirme que cada día te quiero un poco menos.

Acuérdate de eso que un día te dije. Pase lo que pase, no olvides nunca que...

marzo 06, 2011

Me lo dijiste

Me dijiste que me querías. Me dijiste que me echabas de menos. Me dijiste que las cosas no eran así, y cambié para tener otra oportunidad. Me dijiste que había merecido la pena. Me dijiste que querías volver a verme, me dijiste de quedar. Me dijiste que aún no lo tenías claro, y que puede que cambiaras de opinión.

¿Por qué luego, de repente, te cerraste? ¿Por qué ya no quieres intentarlo de nuevo? ¿Por qué así, de un momento a otro, ya no te sirve? ¿Por qué no quieres entenderme? Te contradices a ti mismo. Huyes, como siempre, de todo aquello que te puede hacer daño. Huyes de todo justificándote con la excusa de que con esta edad nada es para siempre... luego me llaman a mí negativa. Yo nunca te prometí un siempre, ni siquiera lo busco. Sólo quiero estar contigo hasta que ya no me quieras más. Ese día tiraré la toalla, pero no antes. Y si sigues diciendo lo mismo, te aseguro una cosa. Nunca tendrás un siempre en nada. Si no peleas por lo que quieres y lo intentas conservar a tu lado el máximo tiempo posible, te acabarás destruyendo, porque al final nada tendrá sentido. ¿Por qué iba a tenerlo? Tú se lo quitas a todo, y pierdes, como de costumbre. Lo malo es que esta vez me estás arrastrando a mí también.

Cambié por ti. Me dijiste que te agobiaba, y te dejé espacio. Ya sabes a todo lo que estoy dispuesta, pero ahora me dices que no, que entonces eso no sería una relación. Yo entonces te pregunto...¿qué quieres realmente? Me dijiste que no podías estar dos semanas sin verme, pero la otra alternativa es nunca más. Te la conté y me respondiste que no tenía por qué ser así tampoco. O me ves, o no me ves. No hay término medio. ¿Qué prefieres? Porque yo elegiría estar contigo dos veces al mes. Me dijiste que no tenías nada claro, y luego que no creías que fueras a cambiar de opinión. ¿En qué quedamos?

Tú sólo piensa en lo que te dije ayer, ¿vale? Piénsalo, y ten en cuenta que no eres tú, somos dos desde que aquel uno de octubre tú, porque fuiste tú, quiso intentarlo. Déjame probar de nuevo, sé que esta vez puede funcionar bien. Habrás hablado con alguien que pasó lo mismo que nosotros, pero si le salió mal, no tendrías que guiarte por ella. Pregúntale a más personas a las que les saliera bien, porque las conoces.

¿Por qué te rindes a la primera de cambio?¿No confías en mí, no confías en que pueda salir bien? ¿Por qué ya no valgo la pena?

Te diría que ojalá encuentres a alguien que viva a cinco minutos de tu casa y que os vaya bien, pero nunca te he mentido y no voy a hacerlo ahora. Ni siquiera con alguien así te saldrían bien las cosas, porque al más mínimo bache os estrellaríais; tú lo verías todo demasiado complicado. Y ahora me acuerdo de cuando me dijiste que te parecía imposible durar un año, o más. No es imposible; tú lo haces imposible.

Si no crees que merezca la pena, si no confías en que pueda hacerlo bien, si no quieres darme una oportunidad, sinceramente, yo creo que es porque nunca me has querido lo suficiente, y menos aún me has querido más que yo a ti.

Acuérdate siempre de aquello que te dije una vez. Que dos simples palabras como te quiero no me servirán nunca para expresarte lo mucho que te amo, pero como no hay otras, tendrías que conformarte.

Te quiero. Te echo mucho de menos, pequeñajo.

marzo 03, 2011

Siempre...allí estaré

Puede que ya no sea nada para ti, o puede que quede algo. Puede que lo que me espere es una despedida o una vuelta a la felicidad. Vamos a dejar los ''puede que'', y centrémonos en lo que sí sé. Me equivoqué, como hacía tantas veces en matemáticas. Cambié un signo, copié mal un número, me salté otro, y al final la respuesta no era la correcta. Pero cuando me dí cuenta del fallo, volví a repasarla, tanto como me hizo falta para arreglarlo. Volvía a hacerlo a menudo, para corregir mis errores. Eso mismo he hecho este mes. Darle vueltas a todo lo que hicimos, a todo lo que pensaba y a todas las acciones que repetí. Días distintos, con diferentes estados de ánimo, para no caer otra vez en los impulsos, en la cabezonería o en la inestabilidad. Me lo he tomado como un tiempo para pensar en mis equivocaciones. 

Un tiempo para cambiar... después de todo, es lo que hago continuamente. Evolucionar a una persona mejor, más madura, que sabe lo que quiere, sólo que esta vez, hacerlo a marchas forzadas, más rápido de lo que ya hacía antes. He cambiado mi punto de vista una vez más, me dí cuenta de muchas cosas que hacía mal y las he corregido. Puede que todavía me quede mucho trecho hasta llegar a ser perfecta, pero tengo toda una vida por delante. Por el momento, sé que soy mejor de lo que era, y sé qué no debo hacer. De hecho, son comportamientos que ya ni me planteo. ¿Para qué? Era radicalizar mis tonterías de siempre, que no llevan a ninguna parte...buena. Que me empujaron al precipicio, y al final me caí.

¿Quién me iba a decir hace algún tiempo que iba a estar aquí escribiendo esto? Estábamos bien, hacía tiempo que no me acordaba de cómo era estar en la oscuridad, y nos queríamos... y yo sigo haciéndolo, aunque duela. Me cuesta sonreír cuando algo me recuerda a ti. Y mi día a día se basa en eso, intentar mostrarme al mundo como si nada me hubiera pasado, aún cuando por dentro todavía estoy temblando. Tratando de convencerme de que no está todo perdido a la vez que sigo con mi vida. Vacía, vale, pero una al fin y al cabo.

Todo vuelve a irme bien, pero echo en falta algo que provocaba en mí una sonrisa cuando menos lo esperaba, escalofríos, que mi mirada se enterneciera, que me diera motivos para seguir luchando cuando las cosas me iban mal. Que hiciera que el maldito reloj avanzara y que no se congelaran sus agujas. Creo que ya sabes qué es ese algo.

Nadie más ocupa tu lugar, ni siquiera ha habido alguien que se asomara a mi ventana. Sigo aquí, y aquí seguiré hasta que tú decidas que me tengo que ir. Más bien, hasta que me eches a patadas.

¿Qué pasa si no te puedo olvidar? ¿Y si no te quiero olvidar? ¿Y si... sigo queriéndote, más que antes incluso?

Uno de octubre. Seis de febrero. ¿Continuará?

marzo 02, 2011

...para esperarte una vez más.

Y aquí sigo un día más. En las sombras, vacía desde que ya no estás conmigo, sin ilusiones. Ya ni miro el móvil, ni me fijo en los mensajes privados, porque sé que no vas a ser tú. Lo más parecido a antes que hago, es ver tu nombre en el chat, mirando una vez más lo bien que suena... pero nunca llego a darle al botón, sólo me quedo quieta contemplándolo como la idiota que soy. He decidido guardar el poco orgullo que me queda. Si alguna vez me echas de menos, cosa que, la verdad, dudo mucho, sabes lo único que tienes que hacer. Sabes que aunque me diga que no, aunque le diga que no a los demás, voy a seguir esperando mucho tiempo, no te olvidaré al menos hasta que me digas que no me quieres, porque ese día sabré que he perdido. Puede que haya dejado de luchar, pero no me he dado por vencida, porque tú un día me enseñaste que la esperanza es lo último que se pierde, y sin ella no merece la pena seguir viviendo.

Ayer volví a tocar la felicidad durante unos instantes. Mi corazón se acordó de cómo latir unos momentos, hasta que fue suficiente para que esa parte de mí que se empeña en autodestruírme se pusiera en marcha otra vez. Volvió a apagar esa tenue luz que por un momento lo volvió a iluminar todo. Y volvieron las dudas de estos últimos días, pero, ¿sabes qué? Hay una cosa que me quedó clara. Nunca más voy a cometer los mismos errores de siempre, no voy a volver a poner en tela de juicio mis sentimientos. Nunca voy a dudar que te quiero. Y sobre todo, es hora de empezar a dejar de hacerte daño. A dejarte espacio, y a dejar atrás la rutina, porque al fin y al cabo, aburre, apaga la magia.

¿Si pudieras pedir un sólo deseo, cuál sería? La respuesta para mí, estoy segura, es otra oportunidad. Hacerlo bien desde el principio, y sin un final... porque esta vez no le pondré un punto a esto. ¿Un sueño? ¿Un deseo? Tú.

Te echo de menos...te quiero.

febrero 26, 2011

Sigo llorándote, esperándote.


Un millón de recuerdos buenos, felices, de amor, que se van diluyendo entre aquellos de pesadilla. Eso es lo que me gustaría que hicieran, que se fueran de una vez para olvidar. Pero esto se ha convertido en misión imposible, porque, cuando sólo te queda eso, recuerdos, ¿qué puedes hacer? No paran de pasar por tu cabeza, constantemente, y lo peor es que cada vez te acuerdas de más, de esos que estaban encerrados en un cajón, esos momentos vuelven a ver la luz aún más brillantemente que antes. Te acuerdas de aquella sonrisa que se te escapó cuando te llamó a las doce de la noche, cuando sabía que estabas en la cama desde hacía más de una hora, y cuando le preguntaste si estaba loco, te dijo que sí. Por ti. De aquella otra vez, cuando estabas a punto de quedarte dormida y la pantalla de tu movil volvió a encenderse, mostrando su nombre, casi a la una de la mañana, a pesar de que habíais estado hablando durante horas. Y su respuesta frente a qué pasaba, fue únicamente, que te quería. Que eras lo mejor que le había pasado en su vida y no quería que nada se acabara.

Si te das cuenta, estoy hablando en pasado. Son cosas que no van a volver, cada día que pasas esperando por su respuesta, si quiere volver a intentar reconstruir esa casa, ese hogar que tú misma quemaste, vas muriendo un poco más. ¿Cuánto tiempo te queda de vida? Ya ha pasado una semana desde que se lo preguntaste. Dentro de poco, un mes desde que aquel incendio lo arrasó absolutamente todo. No puedes hacer nada, y la impotencia es lo que te mata.

Si sólo pudieras verle una última vez más, lo darías todo. Darías absolutamente todo lo que tienes por otra tarde, por vivir cada momento como si fuera el último, no como otras veces, cuando pensabas que siempre habría otra oportunidad. Te equivocabas, como llevabas haciendo tanto tiempo. Y te sigues maldiciendo, matándote a ti misma un poquito más, torturándote paulatinamente. No sabes cuánto tiempo te queda, y sólo te apetece tirarte en la cama y esperar, tienes ganas de llorar otra vez, como el día seis, y sus posteriores, y no levantarte hasta que él venga y te diga que todo está bien. Que si quieres intentarlo otra vez, volver a la magia de aquellos tiempos, pero haciéndolo bien.
Viernes uno de octubre, cuatro y media de la tarde.

''Nunca hubo otra, a quien yo quería era a ti, pero no encontraba el modo de decírtelo. Te quiero, te quiero, te quiero, llevaba tanto tiempo aguantándome...cuando a ti te costaba tanto. Sé que es difícil, pero si ellos pueden, ¿por qué no nosotros, quieres intentarlo? Claro que sí, no sabes cuánto llevaba esperando esto, cuántas veces había soñado con este momento. Te quiero. Yo sí que te quiero, carbayón''.

Debo de estar loca. Hablo conmigo misma... aunque puede que tengas parte de la culpa de mi locura.

febrero 25, 2011

Despiértame



Lo intentaron, claro que lo intentaron. Era algo por lo que merecía la pena luchar.A pesar de todos los errores, de las continuas desilusiones, de discusiones, reflexiones, cambios por las dos partes, autocontrol, esperanza, ilusión, fe, de sentimientos, palabras, más problemas, de las tardes que nunca fueron, de los fallos de cada uno...intentaron superarlo todo, pero hay veces que la corriente es tan fuerte que no puedes luchar contra ella. Y se dejaron arrastrar, limitándose a ver adónde les llevaba, si algún día les ahogaría o les devolvería a la orilla. Juntos, o separados. Porque hay veces que la intención no es lo que cuenta, porque en ocasiones las malas rachas no se acaban por más que ambos pongáis todos los medios. Y tarde o temprano uno de los dos llegará a un punto en el que diga basta, que se acabó para siempre, que no pudo ser. Pero, ¿se puede terminar con algo que ya está acabado?

Sentimientos. Alegría inmensa, que lo inunda todo, que te da confianza en que todo puede ir a mejor. Tristeza absoluta, desolación, estar al borde del abismo, del pozo, a punto de caer y perderte para siempre. Ira, enfado, ceguera...sólo que no visual. Cariño, amor, ternura. Impaciencia, derrotismo. Optimismo contra pesimismo. ¿Y el realismo? ¿Y lo que verdaderamente importa? Pero, ¿compensa? Supongo que da igual que lo haga o no. Al final siempre va a ser mejor un poco que te deje con ganas de más, que nada. Que sentirte sola y perdida, sin un lugar seguro al que huir, pues por más veces que lo he intentado, no he conseguido esconderme de mí misma, ni de él, ni de lo que siento. Sentimientos... ¿acaso puedes elegir cuando borrarlos? Sería más fácil, pero siempre me han gustado los retos. Aunque últimamente nunca gano, y puede que esté condenada a perder siempre.

¿Qué puedes hacer cuando lo único que te quedan son recuerdos, que cada vez son menos en más tiempo? ¿Qué puedes hacer cuando todo tu amor se acumula en tu pecho, te lo oprime y te lo destroza, sin que puedas remediarlo? ¿Qué ocurre cuando tu corazón está a punto de pararse?

Me dicen que tenga paciencia. Pero para eso hace falta esperanza, y no sé dónde se esconde. Quizá, ojalá sea como cuando pierdes las llaves, que por más que miras y te desesperas buscándolas, están delante de tus narices.

Yo no quiero, no conozco el modo de poner un punto final, pero tampoco sé si a mi pluma le queda tinta y puede que vaya siendo hora de hacerlo. Ven, corre, tráeme más. Dame algo con...por lo que seguir escribiendo.

Sólo pido una cosa. Ven, ven y abrázame muy fuerte, bésame y dime que me quieres, que esto ha sido sólo una pesadilla.

Despiértame.

febrero 20, 2011

Ego ou boulomai...lanzaneiv.

Hay veces en la vida que cometemos errores. Es normal, todos somos humanos y tenemos el derecho de equivocarnos...pero, ¿y si en uno de esos momentos estropeas algo realmente importante? ¿Y si te das cuenta, tarde, de que podrías no volver a recuperarlo, y de que era lo único que necesitabas para seguir respirando? Sin embargo, he aprendido más de mis equivocaciones que de mis aciertos, y de esa absurda decisión más que de todo lo correcto que he hecho. O puede que, como me dijo una vez una amiga... no maduremos por los errores, sino por amor. Porque nos damos cuenta de que si no cambiamos ciertas cosas, podemos perderlo.

Jamás pensé que eso pudiera tener un futuro más allá de unos meses, lo veía demasiado improbable, le ponía pegas a todo lo que iba mal, y hasta a lo que iba bien. Veía defectos en todo, y por querer evitar sufrir cuando se acabara, decidí no pensar en estar juntos mucho tiempo. Y en dejarlo cuando me asusté de que la distancia pudiera más que yo. Lo peor es que me he dado cuenta demasiado tarde de que hubiera podido haber un siempre, que tú podrías ser esa persona a la que llaman la media naranja, el amor de una vida, ese alguien por el que lo dejarías todo y no volverías a mirar atrás, por quien vale la pena luchar. Aquel al que nunca llegues a olvidar del todo, que se quede con un pedazo de tu corazón... o con él entero. Si algo sé es que jamás te voy a olvidar, es una de esas cosas que tienes claras y que no pueden borrarse, por buena que sea la goma. He intentado pensar en otros caminos, en otras personas, y quizá la perspectiva fuera mejor, podría encajar todo, pero nunca he querido eso. Sólo quiero esas pequeñas imperfecciones que podemos salvar, y no quiero ser dos gotas de agua... eso provoca aburrimiento. Quiero algo distinto, opuesto a mí, y te quiero a ti.

Un día, mi profesora de griego me contó esto. Es algo curioso, en ese idioma, aprender, ''manzano'', y olvidar, ''lanzano'', solo se diferencian en su raíz en una letra, pero son cosas completamente contrarias. Podemos elegir qué aprender, cuándo hacerlo y en qué cantidad, y existen multitud de formas para recordarlo y memorizarlo. En cambio, una vez que lo hacemos, no tenemos forma de olvidar, se ha quedado grabado. Puede que la vida fuera más fácil si pudieramos borrarlo, nos ahorraríamos muchos sufrimientos. Sin embargo, yo no quiero olvidar. No quiero olvidarte; eres lo mejor que me ha pasado, y lo que más me ha hecho crecer como persona.

Últimamente estoy perdida. No sé qué hacer, porque lo único que llevo haciendo estas dos semanas es seguir en estado de espera, aguardando por tu respuesta, un sí, o un no. Una continuación, esta vez haciéndolo bien, o una despedida que bifurque nuestro camino en dos direcciones completamente opuestas. Pero, ¿sabes qué? Sin ti, el mío no estará marcado, no sabré adónde ir. Porque soy inestable, y necesito algo que me de seguridad. Soy una ráfaga de viento, que necesita su veleta para que le diga por dónde va. Soy fuego, y cuando me descontrolo y amenazo con destruírlo todo, necesito un extintor. Soy un satélite, y necesito un mundo al que anclarme para no vagar sin rumbo. Soy una extranjera que necesita su mapa. Soy tantas cosas... y sin embargo, no soy nada sin ti.

Te quiero.

febrero 15, 2011

Quiero...

El tiempo pasa y yo sigo aquí, dándole vueltas una y otra vez a lo mismo. Ya no distingo lo blanco de lo negro, sencillamente, me da igual de qué color sea. Sólo quiero que esta pesadilla se acabe de una maldita vez, quiero despertarme de este sueño en el que llevo inmersa días que me parecen meses. Quiero volver a despertarme con una sonrisa, quiero volver a dormirme con ella todavía pintada en la cara, quiero volver a esperar que sea de noche y contarte mi día, y que te rías de lo torpe que soy, quiero volver a llenar esos silencios con un simple ''te quiero''. Quiero volver a repetírtelo hasta la saciedad, quiero volver a verte, a sentir tus dedos recorriendo mi espalda, tus labios sobre los míos, quiero que vuelvas a cogerme de la mano por la calle y te quejes de lo fría que está. Quiero volver a acariciarte el cuello, el pelo, y que me abraces muy fuerte otra vez, diciéndome sin palabras que no me vaya. Quiero volver a recorrer esa ciudad a tu lado, quiero que volvamos a esa playa y salir corriendo cuando empiece a llover. Quiero sonreír cuando haya tormenta, porque me recuerda tardes contigo. Quiero aprovechar mejor el poco tiempo que podemos estar juntos, y susurrarte al oído cuánto te necesito.

Me arrepiento de todos mis errores, me arrepiento de haberme dejado cegar por tonterías y actuar por impulsos, me arrepiento de aquella estúpida decisión del día seis, me arrepiento de no saber lo que tenía hasta que lo perdí, hasta que te perdí ya por segunda vez. Me arrepiento, sobre todo, de haberte hecho daño. Eso es algo que nunca me perdonaré. Y mil veces por segundo me juro que no volverá a pasar lo mismo, que no cometeré los mismos errores, porque ahora me doy cuenta de lo que era realmente importante y no supe valorar, y sé que nunca voy a volver a estar tan ciega ni a dejarte marchar. Porque he aprendido que no puedo vivir sin ti.

No voy a decir que ojalá pudiera volver atrás, creo que necesitaba algo como lo que pasó para darme cuenta de todo lo que estaba haciendo mal. Lo que si puedo decir es que ojalá pudiera arreglarlo todo y volver a ser feliz a tu lado, la única forma que sé de conseguirlo. Quiero, esta vez sí, un te quiero y un siempre, porque ya te dije que nunca dejarás de tener un pedacito de mi corazón. Ya es demasiado tarde para intentar echarte de él, tanto, que ni siquiera quiero intentarlo.

Te quiero, y si algo puedo decir a ciencia cierta, es que nunca quise a nadie así. Que has ganado esa batalla contra mi corazón, y has sido el único que ha podido derribar esos muros tras los que siempre me escondí.

Te echo mucho de menos, pequeñajo.

febrero 09, 2011

Laberinto

¿Por qué todo me sale mal? ¿Por qué tropiezo siempre, por qué no puedo hacer lo que quiero por una vez en mi vida? Y lo peor, es eso. ¿Qué quiero? ¿Por qué no puedo tener una opinión fija?


El otro día lo tenía claro. No podía seguir así y tenía que dejarlo, era una continua tortura, cada día algo en mí se desgarraba un poquito más. Llegué a creer que hice lo que quería, y que podía vivir sin ti, que sería relativamente fácil. Y una vez más, como últimamente, me equivocaba. Cuando menos lo espero, vuelves a aparecer en mis pensamientos, y en mitad de clase, en mitad de la calle, en mitad de una conversación con mis amigos, me entran ganas de llorar otra vez, aunque ya pensara que no me quedaban lágrimas. Me siento delante del ordenador, y sólo ver tu nombre escrito hace que quiera tumbarme en la cama, tal y como solía estar cuando empezamos a hablar, y volver a hacerlo. Eso, o lo primero.


Ni siquiera sé cómo estás tú. Ni lo que quieres. Ni si te gustaría volver conmigo. Ni si prefieres dejarme de lado y buscarte a otra. No sé nada, y eso probablemente es lo peor. El no saber qué hacer. Le doy vueltas a todo, y creo que me equivoqué. Sigo pensando, y creo que yo tengo, al menos, tanta culpa como tú. Sí, vale, a veces pasabas un poco de todo, pero es que yo... soy demasiado cabezota, demasiado inestable, y mas impulsiva aún. Me pienso las cosas, pero las pienso en caliente, y exploto y no lo controlo. Hago las cosas y luego me arrepiento. Y ahora estoy demasiado confusa, todo es un laberinto, no sé que camino coger, no sé que hacer. No tengo ni la más remota idea de qué decisión tomar.


Quiero ver una luz al final del túnel, de una vez por todas. Quiero saber algo fijo en mi vida, de una vez, porque si no voy a volverme loca. Y quizá ya no me falte mucho para hacerlo.

I miss you.

febrero 08, 2011

Impotencia

Veo tu nombre ahí, escrito, indicándome que estás conectado. Estos días es lo único que hago. Con sólo darle a un botón, podría hablar contigo, ¿sabes? Inventándome cualquier tontería. Pero decidí, decidimos, que se había acabado, por culpa mía, por no saber llevar bien la distancia. Y me torturo una y otra vez, mirándolo, pensando en lo fácil que sería, pero en lo inalcanzable que es. Ayer te pregunté si querías que me fuera para siempre, o que me quedara, y elegiste lo último...pero no voy a ser yo la tonta que te hable, no, tengo que dejar de ser esa pesada que siempre, a todas horas, quería hablar contigo.

Vuelvo a mirarlo. Una última vez. Y otra, y otra, y otra, sabiendo que tú sientes lo mismo que yo, pero que no puede ser. Me atrevo a abrirte conversación, pero la dejo así, tal cual está. Igual por algún casual me hablas, pero no lo creo. Hice demasiado daño y no me lo merezco. Sigo pensando que tal vez lo mejor sería irme y no volver. Bloquear tus llamadas, aunque nunca volvieras a marcar ese número que antes siempre iluminaba tu pantalla. Bloquearte en todas las redes sociales, en el MSN, aunque sepa que apenas lo abres. Que lo hacías, casi únicamente, para hablar conmigo.

Me gustaría escribirte que te echo de menos. Decirte otra vez cuánto te quiero... pero ya no debí hacerlo ayer, no puedo hacerlo hoy. Dije que era la última vez y voy a cumplir mi palabra, pero por favor, no lo olvides.

Esto está siendo más duro de lo que pensaba. Cova, contrólate, domínate, no digas nada. No es necesario, si él quisiera hablar, lo habría hecho. No puedes seguir así, sólo te haces daño. ¿Y qué mas da un poco más, un poco menos?

La vida es jodida, pero es así. A cada uno, lo que le toca, lo que recibe de lo que él mismo hizo. O de lo que dejó de hacer. De lo que empezó, de lo que acabó.

No sé qué hago escribiendo todo esto. A la mierda, se acabó.

Te quiero, joder, te quiero. ¿Por qué todo es tan absurdamente complicado?

Time to say goodbye


Mi cabeza le da vueltas una y otra vez a todo lo que ha pasado. ¿Sabes? Cuando me despierto, pienso que todo ha sido una pesadilla, un mal sueño, y sonrío. Pero luego me acuerdo de que he estado toda la noche llorando, llorando por lo que he hecho, llorando por lo que ha pasado. Porque se  me fue todo de las manos, no podía aguantar más. Creí que era mejor dejarlo ya, antes de hacerme más daño, y no sé que fue peor, si el remedio o la enfermedad. El sufrimiento, presente en ambos casos... pero uno de ellos, aunque más duro a corto plazo, menos doloroso en un futuro. Me doy cuenta de lo egoísta que he sigo, y me apetece quedarme en mi cama, culpándome por lo que hice, todo el día, o romper cosas, o gritar y abandonarme a mis sentimientos de una vez.


Sin embargo, sé que dentro de una semana, quizá dos, no volveré a derramar una lágrima por ti. En un mes, puede que se me quiten las ganas de llorar. En dos, puede que deje de pensar cada segundo en ti, y hacer que sea cada hora. En tres, volveré a ser feliz...pero me faltará algo. Me faltarás tú. Y algo que tengo muy claro, de estas cosas que no sabes por qué las sabes, pero las sabes (valga la redundancia), es que no voy a olvidarte, probablemente, nunca. No es como las otras veces que me enamoré, que siempre tuve presente que un día esa persona dejaría de tener importancia, que nunca podría ofrecerles un futuro medianamente lejano, solo un carpe diem. Lo noto en mi corazón, te noto aferrado a él, siento que te has escondido en un rincón y que puedes volver a salir en cualquier momento. Ya te dije que un pedacito de él es tuyo, y siempre lo será. Me has marcado de una forma especial, de esa manera en la que tan poca gente lo hace.

La noche anterior tuve un sueño, seguramente el más real de cuantos he tenido. En cuanto me desperté, me supo a despedida. Poco más tarde lo comprobé, y un título de una canción que nunca había escuchado, sonó en mi cabeza. Goodbye, my lover. Y así fue, aunque por un momento pensara que se había arreglado todo.

Quizá debería desaparecer de tu vida. No sería difícil. Olvidarte, sí, pero no allanarte a ti el camino para que dentro de muy poco yo no signifique nada...Y eso mismo, me da miedo. Me aterra que un día, me digas que hay otra, que no te voy a volver a importar por mucho que yo te siga queriendo. Pero al mismo tiempo deseo que pase, porque no te mereces seguir mirando hacia una luz que se aleja, una luz débil que amenaza con apagarse con sus propias lágrimas, una luz que puede seguir siendo inalcanzable durante años. No quiero que malgastes tu tiempo con algo que si vuelve, será en mucho tiempo.

Sólo hazme una promesa. Prométeme que, pase lo que pase, vas a ser feliz. Sólo eso. Y perdóname.

Te quiero.

febrero 06, 2011

Lluvia, tormenta, huracán...¿y el sol?

Llueve. Hoy no llueve fuera, en la calle; llueve dentro, en mi corazón. Gotitas de lluvia hoy no salpican mi ventana; sin embargo, gotitas de lluvia luchan por salir, por escapar de mis ojos, en una loca carrera por mis mejillas. Por decir, ''¿Sabes? Estamos aquí. Y por más que nos reprimas, vamos a seguir estando''. Luchan por hacer visible que sigo siendo humana, que sigo sintiendo, que no estoy muerta, una vez más, por dentro. Que sigo, irremediablemente, amando. Que sigo, como un ciego, a una luz que se apaga por momentos. Que sigo, sin un final a la vista, sufriendo.

Es algo que ya escapa a mi control. Que lo lleva haciendo desde que decidí dejar mi vida en manos de otra persona. Que cada día, va a más. Se me escapa de las manos, poco a poco. Y que aunque intente solucionarlo, una, y otra, y otra vez se va. Y vuelve cuando quiere, no cuando yo quiero. Que me deja sin ganas de reír, de comer, de dormir, de soñar, de ser feliz, de seguir, de pelear, de ganar, de sentir...casi, hasta de vivir. Hace que sólo me apetezca dormir, porque esa lluvia que antes caía, es ya una tormenta.

Perdón. Mil y un ''lo siento''. ¿Y cuántos arrepentimentos fueron de verdad? No tengo ni idea. Sólo puedo esperar a que pase el huracán. La lluvia, la tormenta, le han dado paso. Han dado paso a muchas cosas, a muchos quebraderos de cabeza, a noches sin dormir, preguntándome, replanteándomelo todo. Pensando incluso, en si te sigo queriendo. En si tú, tú, sigues haciéndolo. En por qué huyes, en por qué callas, en por qué ya nada es como era antes. En la alegría de los tiempos felices. Cuando hablábamos horas y horas, cuando nos veíamos a menudo. Aquellos días en los que el juego pasó a ser realidad, en los que me dabas razones para luchar.
Dicen que después de la lluvia sale el sol. Que después de la tormenta llega la calma. Que después del huracán, sale un arcoiris. Sólo espero que sea verdad. Porque...yo al menos, te sigo queriendo, irremediablemente.

enero 25, 2011

Corre, vive

¿Y los finales felices? Sí, esos de cuento de hadas. Esos con los que siempre hemos crecido. ¿Dónde están? Porque la vida luego te enseña que no existen, que muy pocas personas acaban cumpliendo sus sueños.

Tenemos sólo una vida. Sólo una. ¿Entiendes lo poco que dura? Nada de lo que dejes atrás va a volver. El tiempo pasa, corre, vuela, y no se detiende, no se detiene ante nada, ni nadie. El tiempo continúa para todos. Y un día te alcanzará, y de nada te servirá lamentarte de no haberlo aprovechado cuando pudiste. Disfruta, vive, intenta ser feliz aunque las cosas no te salgan como esperabas, aunque tus sueños no se cumplan como querías. Tienes suerte de estar aquí, podías no estar. Y sobre todo tienes suerte de, al menos, tener una oportunidad. Tienes suerte de poder soñar. Eso es lo único que ten mantiene al pie del cañón cuando no sabes dónde se ha escondido la esperanza, adónde se ha ido, si volverá. Los sueños. Sí, sueña, sueña, sueña, y cree en ti mismo. Pero no los confundas con la realidad, ni te limites a ello. Lucha para que puedan cumplirse. Y lucha por mantenerlos. No pienses que se acabarán, porque es cuando más cerca estarás del final.

Puede que nada en la vida te salga como querías. Pero al menos, puedes intentarlo. Y decir que lo hiciste. Que por tu parte, te arriesgaste, sabiendo todo lo que podías perder, y a veces, lo poco que podías ganar... aún cuando ese ''poco'', sea el motivo por el que te levantes cada día con una sonrisa pintada en la cara.