- ¿Qué quieres que te cuente?
- No sé, algo, cualquier cosa, una historia.
- ¿Cuál quieres que te cuente?
- Una que nunca, nunca jamás, le haya contado nadie a ninguna persona. La historia que más te guste a ti.
- ¿ La que nunca se ha contado? ¿La que más me gusta? Préstame atención, porque te prometo que nunca, nadie más, volverá a contártela. Nunca, nadie más, volverá a oírla. Nunca, nadie, conseguirá repetirla. Cuando acabe te diré por qué.
Parecía un día más. Uno más de toda esa serie de días grises, casi negros por completo, que se repetían cada vez que, sin ganas desde hace más de lo que debería permitirse, me levantaba por la mañana. Sin ilusión, sin ganas, sin ese deseo de vivir que antes siempre tenía. Pero ese día, esa misma noche, todas las piezas del rompecabezas se empezaron a juntar. Ese mecanismo que hace que se mueva el reloj se puso en marcha.
Empecemos por el principio. Hacía mes y medio que mi propia vida no me importaba. Que se me había roto el corazón. Que me habían demostrado que la realidad, que esa persona, no era la que había soñado. Y una tarde, mientras esperaba a que llegara una amiga, fui encontrando mi camino por casualidad, con una persona que de repente, me hablaba con un simple ''CovaCovaCovaCovaCovaCovaCova''. Una persona que por unos minutos que hablaba con ella algún que otro día, me hacía olvidar por un momento ese dolor constante que se había instalado, con amenaza de quedarse siempre, en mi corazón.
Sin saberlo, había encontrado mi medicina.
Un diecinueve, un día diecinueve de marzo, podría haber sido como cualquier otro. Pero alguien, alguien que se había ganado un hueco en mi vida en muy poco tiempo, hizo que yo lo pudiera recordar. A las tres de la mañana, me pidió una locura. Sin apenas conocerme, sin saber si salía con otro, a pesar de todo lo malo que le había contado yo misma sobre mí, se atrevió a pedírmela. A pesar de todo, quiso intentar algo. Y a pesar de todo, me decía que me quería. Me descubría que todo el mundo tiene segundas oportunidades... hasta yo. Y que otras no se merecen una tercera.
Otra vez un golpe de suerte. A la mañana siguiente, un domingo, debería haber recibido la llamada que lo arreglaría todo... y quién sabe realmente por qué, si por miedo, si por derrotismo, si por olvido, nunca me llamó. Nunca me alegraré tanto de no recibir una llamada importante, porque eso fue lo que impulsó a tomar una decisión... la de darte una oportunidad. La de darme a mí una última oportunidad de volver a ser feliz.
Lunes, seis de la tarde. En la puerta del RGCC, tras salir de voley, está esperándome un chico. Alguien a quien quiero conocer antes de decidir. Alguien que puede reparar mi corazón. Los dos besos más incómodos de mi vida. Me acompaña a casa, sin atreverse a tocarme, sacando tema de conversación a pesar de lo poco que nos conocemos. Inquietantemente, adivina mi calle, mi portal, mi piso. Hasta la letra.
Jueves, veinticuatro. Mismo sitio. Esta vez, en lugar de un paseo, me lleva en moto. Qué nervios, nunca monté, tengo miedo. Me agarro fuerte a él, y disfruto de poder tocarle con una excusa. Me pregunta adónde quiero ir y no sé que contestar, así que me lleva al parque de Isabel La Católica. Un paseo por el muro, en el que aprovecha para cogerme de la mano, ya con más confianza tras hablar cada día con él, tras sacarme una sonrisa cada vez que recibo un sms suyo por la noche. Otra vez, más nervios. Volvemos al parque y busca un banco, mientras yo me acuerdo de aquel... verso, que me pidió el otro día. Porque, como él dijo... ¿qué rima con verso?
Beso. ¿Cómo podría describirlo? Es algo por lo que mucha gente ya ha pasado, pero que pocos sabrán lo que realmente puede llegar a significar. Que apenas puedo explicar con palabras. Es... sentirte uno con otra persona. Querer congelar ese momento y guardarlo, para poder sacarlo en cualquier momento. Es no querer que acabe nunca. Es... mágico. Marcó un inicio y me ayudó a poder darte una respuesta a su pregunta de cada día.
Viernes, veinticinco de marzo de 2011. Siete y veinte de la mañana. ''Sí. Te quiero''. Y el resto, ya todo el mundo lo sabe. El final... ya nadie lo sabrá, por la sencilla razón de que te querré... hasta que este corazón deje de latir. Más incluso. Eviternamente.
No quiero un final feliz. Sólo hay una cosa que te pido... que no haya uno. Porque esta historia es la nuestra, eres esa persona que siempre quise, esa que sin buscarla, apareció. Y por eso nadie más va a poder repetirla, y nadie, sólo nosotros, podrá escribirla, ni contarla.
Wo ai ni, Yun. Por siempre.
25.03.11




