Hace mucho tiempo que no escribo, que las palabras de pronto se me atragantan, que no me salen. Y el único motivo para ello es que he vuelto a empezar; ante el dolor, he vuelto a pasar de todo, a hacer que todo me resbale, a encerrarme y engañarme con mil y un historias, a autoconvencerme de que estoy bien y a prohibirme pensar en él. He llegado a perfeccionar tanto esa vieja técnica que una vez dije que había enterrado para siempre, que es automático. Engaño a todo el mundo, todos me dicen que notan que estoy mejor. Y también me engaño a mí. También me obligo a creer, la mayor parte del tiempo, que no estoy al fondo del pozo. Que estoy fuera.
Dime, ¿qué harías si alguien te tirara al suelo y se marchara corriendo, y otro te ofreciera una mano para levantarte? ¿Qué harías si tu sol se apagara, y en medio de la oscuridad encontraras una vela? ¿Qué harías si, en medio de una tormenta, tu barco se hundiera y luego quisieran recogerte en una barquita? ¿Qué harías si perdieras al guía en medio del bosque y encontraras un mapa? Lo más normal sería aceptar la segunda opción, ¿no? Pero yo siempre fui complicada, y con unos principios. No veo justo que para esa ayuda que aparece, yo sea la primera alternativa, y precisamente por ello, no sé si huir o intentarlo, o si aferrarme al pasado aun cuando sé que no volverá, que sólo hurgo en la herida hasta que me den un adiós defitivo, que ni siquiera sé si llegará.
Quiero un manual de instrucciones, porque ya no entiendo nada... ni siquiera sé lo que quiero, ni siquiera sé qué hacer, porque no hay una solución para no hacerle daño a nadie, ya es demasiado tarde para todo. Quiero volver a sonreír sin que me cueste, quiero volver a ser feliz, y lo peor de todo es que no sé al lado de quién lo sería...
Quiero una luz al final del túnel.
No hay comentarios:
Publicar un comentario