marzo 03, 2011

Siempre...allí estaré

Puede que ya no sea nada para ti, o puede que quede algo. Puede que lo que me espere es una despedida o una vuelta a la felicidad. Vamos a dejar los ''puede que'', y centrémonos en lo que sí sé. Me equivoqué, como hacía tantas veces en matemáticas. Cambié un signo, copié mal un número, me salté otro, y al final la respuesta no era la correcta. Pero cuando me dí cuenta del fallo, volví a repasarla, tanto como me hizo falta para arreglarlo. Volvía a hacerlo a menudo, para corregir mis errores. Eso mismo he hecho este mes. Darle vueltas a todo lo que hicimos, a todo lo que pensaba y a todas las acciones que repetí. Días distintos, con diferentes estados de ánimo, para no caer otra vez en los impulsos, en la cabezonería o en la inestabilidad. Me lo he tomado como un tiempo para pensar en mis equivocaciones. 

Un tiempo para cambiar... después de todo, es lo que hago continuamente. Evolucionar a una persona mejor, más madura, que sabe lo que quiere, sólo que esta vez, hacerlo a marchas forzadas, más rápido de lo que ya hacía antes. He cambiado mi punto de vista una vez más, me dí cuenta de muchas cosas que hacía mal y las he corregido. Puede que todavía me quede mucho trecho hasta llegar a ser perfecta, pero tengo toda una vida por delante. Por el momento, sé que soy mejor de lo que era, y sé qué no debo hacer. De hecho, son comportamientos que ya ni me planteo. ¿Para qué? Era radicalizar mis tonterías de siempre, que no llevan a ninguna parte...buena. Que me empujaron al precipicio, y al final me caí.

¿Quién me iba a decir hace algún tiempo que iba a estar aquí escribiendo esto? Estábamos bien, hacía tiempo que no me acordaba de cómo era estar en la oscuridad, y nos queríamos... y yo sigo haciéndolo, aunque duela. Me cuesta sonreír cuando algo me recuerda a ti. Y mi día a día se basa en eso, intentar mostrarme al mundo como si nada me hubiera pasado, aún cuando por dentro todavía estoy temblando. Tratando de convencerme de que no está todo perdido a la vez que sigo con mi vida. Vacía, vale, pero una al fin y al cabo.

Todo vuelve a irme bien, pero echo en falta algo que provocaba en mí una sonrisa cuando menos lo esperaba, escalofríos, que mi mirada se enterneciera, que me diera motivos para seguir luchando cuando las cosas me iban mal. Que hiciera que el maldito reloj avanzara y que no se congelaran sus agujas. Creo que ya sabes qué es ese algo.

Nadie más ocupa tu lugar, ni siquiera ha habido alguien que se asomara a mi ventana. Sigo aquí, y aquí seguiré hasta que tú decidas que me tengo que ir. Más bien, hasta que me eches a patadas.

¿Qué pasa si no te puedo olvidar? ¿Y si no te quiero olvidar? ¿Y si... sigo queriéndote, más que antes incluso?

Uno de octubre. Seis de febrero. ¿Continuará?

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