Me dijiste que me querías. Me dijiste que me echabas de menos. Me dijiste que las cosas no eran así, y cambié para tener otra oportunidad. Me dijiste que había merecido la pena. Me dijiste que querías volver a verme, me dijiste de quedar. Me dijiste que aún no lo tenías claro, y que puede que cambiaras de opinión.
¿Por qué luego, de repente, te cerraste? ¿Por qué ya no quieres intentarlo de nuevo? ¿Por qué así, de un momento a otro, ya no te sirve? ¿Por qué no quieres entenderme? Te contradices a ti mismo. Huyes, como siempre, de todo aquello que te puede hacer daño. Huyes de todo justificándote con la excusa de que con esta edad nada es para siempre... luego me llaman a mí negativa. Yo nunca te prometí un siempre, ni siquiera lo busco. Sólo quiero estar contigo hasta que ya no me quieras más. Ese día tiraré la toalla, pero no antes. Y si sigues diciendo lo mismo, te aseguro una cosa. Nunca tendrás un siempre en nada. Si no peleas por lo que quieres y lo intentas conservar a tu lado el máximo tiempo posible, te acabarás destruyendo, porque al final nada tendrá sentido. ¿Por qué iba a tenerlo? Tú se lo quitas a todo, y pierdes, como de costumbre. Lo malo es que esta vez me estás arrastrando a mí también.
Cambié por ti. Me dijiste que te agobiaba, y te dejé espacio. Ya sabes a todo lo que estoy dispuesta, pero ahora me dices que no, que entonces eso no sería una relación. Yo entonces te pregunto...¿qué quieres realmente? Me dijiste que no podías estar dos semanas sin verme, pero la otra alternativa es nunca más. Te la conté y me respondiste que no tenía por qué ser así tampoco. O me ves, o no me ves. No hay término medio. ¿Qué prefieres? Porque yo elegiría estar contigo dos veces al mes. Me dijiste que no tenías nada claro, y luego que no creías que fueras a cambiar de opinión. ¿En qué quedamos?
Tú sólo piensa en lo que te dije ayer, ¿vale? Piénsalo, y ten en cuenta que no eres tú, somos dos desde que aquel uno de octubre tú, porque fuiste tú, quiso intentarlo. Déjame probar de nuevo, sé que esta vez puede funcionar bien. Habrás hablado con alguien que pasó lo mismo que nosotros, pero si le salió mal, no tendrías que guiarte por ella. Pregúntale a más personas a las que les saliera bien, porque las conoces.
¿Por qué te rindes a la primera de cambio?¿No confías en mí, no confías en que pueda salir bien? ¿Por qué ya no valgo la pena?
Te diría que ojalá encuentres a alguien que viva a cinco minutos de tu casa y que os vaya bien, pero nunca te he mentido y no voy a hacerlo ahora. Ni siquiera con alguien así te saldrían bien las cosas, porque al más mínimo bache os estrellaríais; tú lo verías todo demasiado complicado. Y ahora me acuerdo de cuando me dijiste que te parecía imposible durar un año, o más. No es imposible; tú lo haces imposible.
Si no crees que merezca la pena, si no confías en que pueda hacerlo bien, si no quieres darme una oportunidad, sinceramente, yo creo que es porque nunca me has querido lo suficiente, y menos aún me has querido más que yo a ti.
Acuérdate siempre de aquello que te dije una vez. Que dos simples palabras como te quiero no me servirán nunca para expresarte lo mucho que te amo, pero como no hay otras, tendrías que conformarte.
Te quiero. Te echo mucho de menos, pequeñajo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario