julio 01, 2012

''Serán ceniza, más tendrán sentido...''

¿Alguna vez has llegado a ese instante en que sabes que no te separarás nunca más de esa persona? Cuando estáis totalmente unidos, cuando ninguno pone más de su parte en la relación, cuando tan sólo un día sin él te parece demasiado largo y sufres cada uno de sus minutos, cuando a veces lloras de felicidad estando con él, y cuando te pregunta, simplemente sonríes, se lo cuentas, y le besas. Ese instante en el que te das cuenta de que has madurado, porque tu universo se reduce a él, porque no existe nadie más que pueda hacerte sentir como él, porque no quieres, no deseas a ningún otro, ni siquiera te fijas en ellos, porque sabes que es una pérdida de tiempo. Nadie te va a tratar como él, porque no vas a amar a nadie tanto.


Un día te das cuenta de que eso de ''Eres joven, tienes que vivir, aprovechar el momento, ¿si no, cuándo vas a hacerlo?'' no es cierto. No siempre tiene que haber una persona idónea para ti, que encaje a la perfección contigo, pero si un día aparece debes luchar por ella, tienes renunciar a todo lo demás. Quizá pienses que es demasiado pronto, pero luego te darás cuenta de que no. Aparece justo cuando más lo necesitas, a pesar de que no sepas qué necesitas. Y tienes, debes conservarla a tu lado para siempre, porque puede que, si un día se va, no vuelva, y tú sigas perdiéndote, ''disfrutando'' de tu libertad, hasta que sea demasiado tarde para recuperar a aquel que hacía del día más desastroso el mejor de tu vida, que te sacaba una sonrisa cuando no podías parar de llorar, se reía y te hacía olvidar todo lo demás... sólo quedaba espacio en tu mente para adorar su sonrisa y afirmar que él, justo en ese momento, con todas sus imperfecciones, era lo más hermoso del mundo. Y lo mejor de todo, sabías que era sólo para ti, y que esa belleza que veías entonces, cuando se reía, sólo se mostraba ante de ti... porque una persona tiene muchísimas sonrisas, pero la más hermosa, es la que le dedicas a aquel que amas.


En mi caso, mi mitad apareció a mis dieciséis, casi diecisiete años. Ni siquiera sabía la repercusión que iba a tener aquel primer beso, ni aquel sí, hasta que estuve con él cuatro meses. Y me entró miedo, me entró miedo de que mi ''libertad'' se hubiera acabado el 25 de marzo, miedo de querer recuperarla y destruir todo lo que habíamos formado juntos, miedo de que ÉL hubiera llegado demasiado pronto a mi vida, miedo de sentirme atada, miedo de no vivir todo lo que quería, miedo a que todo cambiara. Pero la verdad es que todo cambió paulatinamente, sin apenas darme cuenta, no justo aquel día. Y, lo que es más, me fui dando cuenta de que lo que realmente quería era estar con él siempre, no con miles de chicos, no con miles de labios que al día siguiente ni recordara de a quién pertenecían. Le quería, le quiero, y le seguiré queriendo a él, por encima de todas las cosas, juro hacerlo hasta el último latido de mi corazón, hasta mi último aliento, hasta el último milisegundo de mi vida, y si después de esto, aún hay algo, pongo la mano en el fuego a que le seguiré amando. Amor constante más allá de la muerte, lo llamó Quevedo...




 ''Polvo serán, mas polvo enamorado''.

septiembre 07, 2011

Una historia

- ¿Qué quieres que te cuente?
- No sé, algo, cualquier cosa, una historia.
- ¿Cuál quieres que te cuente?
- Una que nunca, nunca jamás, le haya contado nadie a ninguna persona. La historia que más te guste a ti.
- ¿ La que nunca se ha contado? ¿La que más me gusta? Préstame atención, porque te prometo que nunca, nadie más, volverá a contártela. Nunca, nadie más, volverá a oírla. Nunca, nadie, conseguirá repetirla. Cuando acabe te diré por qué.

Parecía un día más. Uno más de toda esa serie de días grises, casi negros por completo, que se repetían cada vez que, sin ganas desde hace más de lo que debería permitirse, me levantaba por la mañana. Sin ilusión, sin ganas, sin ese deseo de vivir que antes siempre tenía. Pero ese día, esa misma noche, todas las piezas del rompecabezas se empezaron a juntar. Ese mecanismo que hace que se mueva el reloj se puso en marcha. 

Empecemos por el principio. Hacía mes y medio que mi propia vida no me importaba. Que se me había roto el corazón. Que me habían demostrado que la realidad, que esa persona, no era la que había soñado. Y una tarde, mientras esperaba a que llegara una amiga, fui encontrando mi camino por casualidad, con una persona que de repente, me hablaba con un simple ''CovaCovaCovaCovaCovaCovaCova''. Una persona que por unos minutos que hablaba con ella algún que otro día, me hacía olvidar por un momento ese dolor constante que se había instalado, con amenaza de quedarse siempre, en mi corazón.

Sin saberlo, había encontrado mi medicina.

Un diecinueve, un día diecinueve de marzo, podría haber sido como cualquier otro. Pero alguien, alguien que se había ganado un hueco en mi vida en muy poco tiempo, hizo que yo lo pudiera recordar. A las tres de la mañana, me pidió una locura. Sin apenas conocerme, sin saber si salía con otro, a pesar de todo lo malo que le había contado yo misma sobre mí, se atrevió a pedírmela. A pesar de todo, quiso intentar algo. Y a pesar de todo, me decía que me quería. Me descubría que todo el mundo tiene segundas oportunidades... hasta yo. Y que otras no se merecen una tercera.

Otra vez un golpe de suerte. A la mañana siguiente, un domingo, debería haber recibido la llamada que lo arreglaría todo... y quién sabe realmente por qué, si por miedo, si por derrotismo, si por olvido, nunca me llamó. Nunca me alegraré tanto de no recibir una llamada importante, porque eso fue lo que impulsó a tomar una decisión... la de darte una oportunidad. La de darme a mí una última oportunidad de volver a ser feliz.

Lunes, seis de la tarde. En la puerta del RGCC, tras salir de voley, está esperándome un chico. Alguien a quien quiero conocer antes de decidir. Alguien que puede reparar mi corazón. Los dos besos más incómodos de mi vida. Me acompaña a casa, sin atreverse a tocarme, sacando tema de conversación a pesar de lo poco que nos conocemos. Inquietantemente, adivina mi calle, mi portal, mi piso. Hasta la letra.

Jueves, veinticuatro. Mismo sitio. Esta vez, en lugar de un paseo, me lleva en moto. Qué nervios, nunca monté, tengo miedo. Me agarro fuerte a él, y disfruto de poder tocarle con una excusa. Me pregunta adónde quiero ir y no sé que contestar, así que me lleva al parque de Isabel La Católica. Un paseo por el muro, en el que aprovecha para cogerme de la mano, ya con más confianza tras hablar cada día con él, tras sacarme una sonrisa cada vez que recibo un sms suyo por la noche. Otra vez, más nervios. Volvemos al parque y busca un  banco, mientras yo me acuerdo de aquel... verso, que me pidió el otro día. Porque, como él dijo... ¿qué rima con verso?

Beso. ¿Cómo podría describirlo? Es algo por lo que mucha gente ya ha pasado, pero que pocos sabrán lo que realmente puede llegar a significar. Que apenas puedo explicar con palabras. Es... sentirte uno con otra persona. Querer congelar ese momento y guardarlo, para poder sacarlo en cualquier momento. Es no querer que acabe nunca. Es... mágico. Marcó un inicio y me ayudó a poder darte una respuesta a su pregunta de cada día.

Viernes, veinticinco de marzo de 2011. Siete y veinte de la mañana. ''Sí. Te quiero''. Y el resto, ya todo el mundo lo sabe. El final... ya nadie lo sabrá, por la sencilla razón de que te querré... hasta que este corazón deje de latir. Más incluso. Eviternamente.

No quiero un final feliz. Sólo hay una cosa que te pido... que no haya uno. Porque esta historia es la nuestra, eres esa persona que siempre quise, esa que sin buscarla, apareció. Y por eso nadie más va a poder repetirla,  y nadie, sólo nosotros, podrá escribirla, ni contarla.


Wo ai ni, Yun. Por siempre.

25.03.11

agosto 05, 2011

Everything I need

Antes, mucho antes, cuando todo esto ni siquiera había empezado, pensaste que era uno más. Tan sólo eso, algo con lo que pasar el rato. Antes, pensaste que hablar, que tontear con él era tan sólo una forma de olvidar tus heridas. Antes, hace tiempo, pensaste que no llegaría a nada, que sería como aquellas cámaras. Usar y tirar. Como algo de lo que te encaprichas y te cansas en cuanto lo consigues. Lo que antes nunca creíste fue que llegara a ser el único, que llegara a significarlo todo... y a cambiarlo todo. Pasar tiempo con él no te hacía olvidar las heridas tan profundas que otro amor te había causado. No, te las curó sin que te dieras cuenta. Las cerró sin pretenderlo, las borró. Un día te levantaste y se te olvidó pensar en lo que había pasado, y por la noche no fue el nombre de aquella otra persona el que susurraste. Y no fue una equivocación, en realidad el único nombre que no desaparecía de tu cabeza era otro nuevo. Yun. Yun Zhao. Sonaba tan bien, sonaba tan... libre, tan confiado, tan lleno de ilusión... de seguridad. De promesas, de emoción. De amor. 


Rápidamente te diste cuenta de algo que cambió tu vida. No era uno más, no te ibas a cansar. No era algo pasajero, no era un juego, era algo... que engancha, de lo que cada vez te cuesta más separarte. No era un ''ni contigo ni sin ti'', es un ''sin ti no puedo''. Y después de cuatro meses, y habiendo pasado uno separados hasta por miles de kilómetros, lo tienes más claro aún. Tiene todo lo que querías.


Todo lo que querías. Todo lo que un día buscaste sin encontrarlo. La única cosa por la que realmente merece la pena luchar, por la que darías tu vida. A la que le dedicarías cada minuto de tu vida. ¿Por qué? Porque confía en ti. Porque hace que confíes en ti. Porque sólo una mirada suya sirve para encontrarte. Una mirada suya hace que sepas exactamente cómo está, qué es lo que quiere. Una mirada suya te enseña que lo único que quiere es a ti. Y un solo intercambio de vuestras miradas te muestra mucho más de lo que podríais saber hablando. Porque cada una de sus sonrisas te hace seguir adelante, por duro que sea el camino. Porque cada vez que se ríe de esa forma, sin necesitar nada más, eres feliz. Porque cada vez que su mano te roza deseas que no pare. Cada vez que te coge de la mano rezas porque no te suelte nunca. Cada vez que te agarra por detrás, o te coge de la cintura, deseas que se pare el tiempo. Cada vez que vuestros labios se rozan jurarías que estás en el cielo. Porque lo único que deseas es que vuestros cuerpos se fundan y ser sólo uno. Porque puede ser, es, al mismo tiempo, cariñoso, alegre, serio, juguetón, infantil, maduro, optimista, temeroso, romántico, apasionado, chistoso, irresistible... Porque lo único que te parte el corazón es ver cómo una lágrima resbala por su mejilla.


Es ahora cuando te das cuenta de una cosa. Tu mayor miedo se ha convertido en perderle. La pesadilla que no te deja dormir, que te diga que no te quiere. La tristeza, el miedo a que le pase algo. Una fecha que nunca se te olvidará... 25.03.11


¿Y qué es el amor? El amor, el amor es aquello que siento cuando estoy contigo, y hasta cuando estamos lejos. Tú eres el amor para mí.


Siempre, solos tu y yo.


Te amo.

junio 05, 2011

Grabado a fuego

Es de esas cosas que siempre pensaste que ibas a tener, por el mero hecho de que mucha gente las tiene. Como tener un coche, una casa, un buen trabajo. Pero yo me refiero a otra cosa, quizá la más importante de todas... Tener a esa otra persona, esa que cuando te levantas por las mañanas no tenga necesidad de preguntarte si quieres té o café, ya lo tenga preparado tal y como a ti te gusta. Esa persona que te cuide cuando estés enferma y te saque una sonrisa cuando no tienes fuerzas ni para hablar. Esa persona que siempre pensaste que un día llegaría; te aferraste a esa idea porque, aunque lo negaras, no soportabas ser la única que se quedara sola. Esa que podría estar esperándote, suplicándote por una oportunidad, o que quizá no existe, al menos no para ti. Y eso fue lo que tantas veces pensaste, ''¿Y si no hay nadie para mí?''

La vida siempre te fue dura, aprendiste a sufrir mientras mostrabas a todos tu mejor sonrisa, a llorar en silencio, a ver cómo, cuando por fin llegó alguna te partía el corazón una y otra vez. Aprendiste lo que era sufrir por amor, aprendiste a aceptar todas sus mentiras, a no confiar en la única persona en quien deseabas con todas tus fuerzas hacerlo, aprendiste a luchar tú sola, a que él no pusiera nada de su parte. Aprendiste a borrar todos tus errores y, sin embargo, seguir lamiéndote sola tus heridas, atrapada en el juego de sus caprichos. Pero un día apareció alguien más, y con gestos que no significaron nada en su momento, fue cambiando las cosas. Te enseñó a perder, es más, te enseñó a ganar perdiendo. Y resulta que, a lo mejor, este sí es esa persona que decía antes. Es alguien que te cuida, que se preocupa por ti tanto como tú por él, que no sólo te acepta como eres sino que no le importa que estés sin arreglar, no quiere que te maquilles para verle,te dice que estás guapa igual, no quiere que te pases una hora planchándote el pelo porque le encantan tus rizos. Es alguien que te arregló el corazón, que sufre al verte llorar, que está mal porque a veces piensa que fue su culpa, o porque no soporta que estés enferma sin poder moverte de la cama. Es alguien que cuida de ti cuando tienes cuarenta de fiebre, que te escribe un millón de notas para recordarte lo mucho que te quiere, que no sólo lo escribe, te lo susurra al oído cuando menos te lo esperas.

Me deja sin palabras. Es tan difícil expresar ese cúmulo de sensaciones que me transmite, que podría escribir un libro y nadie lo habría entendido si no hubiera pasado por lo mismo.

¿Cómo voy a hacerle entender la suerte que tengo al tenerle a mi lado? De que cada mañana venga a verme, aunque siempre tarde en bajar y sean cinco (o dos) minutos. De que quiera quedar conmigo cada tarde. De que a veces me coja por detrás,  abrazándome, y parezca que no me va a soltar nunca. De que siempre quiera un beso más, no se enfade cuando le muerdo, y siga insistiendo aún cuando me aparto, jugando. Tengo suerte de que me quiera, y nunca podré agradecérselo lo suficiente.

Hay millones de personas que hoy están buscando su alma gemela. Y si no hubiera habido un montón de casualidades, yo nunca habría encontrado a la mía; seguiría vagando sin rumbo y nunca habría sabido dónde encontrarle. Aun así, después de todo, con lo difícil que ha sido encontrarnos, y volver a chocar justo en el momento adecuado, lo hemos hecho, y puedo considerarme afortunada...porque yo, por suerte, le tengo a él.

Sabes que si hubiera otra vida después de esta volvería a buscarte, y creo que sabría encontrarte... porque hay cosas que, cuando finalmente pasan, por muy difícil que haya sido, son tan importantes que se graban a fuego en tu alma. Y puedes apagar ese fuego, pero no borrar las marcas que ha dejado. Seguirán allí pasen las vidas que pasen, para demostrarme que un día fuiste real, y lucharé porque así sea de nuevo.

Te quiero... y todas estas palabras no son suficientes para que lo comprendas, así que limítate a recordarlas.

Siempre, Yun. Siempre.

mayo 14, 2011

La verdad...

¿La verdad? La verdad, es que no hay nadie más en mi mundo desde aquel veinticinco. La verdad, es que no hay nada que se compare a la sensación que produce cada uno de sus besos. La verdad, es que nunca había querido tanto a alguien, hasta el punto incluso de no considerarnos dos personas distintas, sino algo que no se puede entender sin el otro. La verdad, es que no hay mejor lugar en el mundo que estar tumbados los dos, sobre su hombro. Oyendo su corazón latir. Escuchando su respiración. Notando su calor. Teniendo a pocos centímetros sus labios. Haciendo dibujos sobre su piel, sintiendo sus dedos recorriendo mi espalda, su mano acariciándome el pelo. La verdad, es que a estas alturas no podría vivir sin él. La verdad, es que me siento la persona más afortunada del mundo cuando le veo en mi portal, esperando tan sólo por un beso antes de las clases. La verdad, es que cuando me abraza desearía que no me soltara nunca. La verdad, es que eso es lo que pido cada noche. Que no me deje nunca. Que no me suelte nunca, que nunca se olvide de mí.

Es una de esas certezas que tienes sin saber por qué. Es una comunicación en la que no hacen falta palabras; cada uno sabe lo que piensa y lo que quiere con sólo una mirada. Cada uno adivina los pensamientos del otro. Es ver a su familia y desear formar parte de ella en un futuro. Es ver a la mía y asombrarme de la facilidad con la que le han aceptado, el respeto que le tienen, su confianza en él sólo por lo que yo les he contado. Es el respeto, sin importar diferencias, lenguas, culturas, razas. Es quererle un poquito más cada vez que pienso en él, y es pensar en él cada minuto, cada segundo que pasa. Es encontrar eso a lo que mucha gente llama amor, aún cuando la mayoría no hayan conectado de esta manera con nadie. Es algo que debería tener otro nombre. Sin embargo, no lo tiene, quizá porque no se puede expresar con palabras. Quizá porque decirte simplemente ''te quiero'', no basta para que entiendas todo lo que yo te amo.

Quizá porque debería estar prohibido encontrar a alguien así en la vida. Porque si por algún casual lo pierdes... ¿qué harás después?

Por suerte, alguien me ha jurado que eso no pasará. Por suerte, alguien me repite cuánto me quiere a cada segundo que puede. Por suerte, yo puedo repetírselo a esa persona.

Por suerte, yo te tengo a ti.

¿Sabes qué?

abril 30, 2011

Una llamada

Dicen que a veces un solo acto puede cambiar toda una vida, aunque haya otros que piensen que las cosas pasan porque tienen que pasar, que no importan nuestras decisiones. Bien, yo soy de ese primer grupo de gente. No creo en el destino, y probablemente no lo haré nunca. No creo en un dios, no creo en la magia, no creo en el futuro, no creo en los cuentos con finales felices. Lo único en lo que creo es en las personas, y en la capacidad que todas ellas tienen de moldear su vida. En esa tremenda maraña de hilos que se enredan unos con otros, que se rompen, que se cortan, que se añaden, todo por pequeñas casualidades y acciones. En ocasiones, lo que hagas te puede salir bien, o puede tener un final oscuro. Otras veces, en cambio, no depende de ti. Incluyes a más personas, con sus propios intereses... y puede que un día tú ya no seas uno de ellos.

Hubo un tiempo en el que luché por una causa perdida, por una oportunidad que no llegaba, por algo en lo que hacía falta otra persona... y caí, tropecé, volví a caer, repitiendo el ciclo tantas veces que perdí la cuenta. No hacía caso de nadie y continué sin dormir, con poco apetito, sin ganas de seguir adelante. Llegué al límite de lo que un ser humano puede soportar. Al final creí atisbar un retazo de esperanza, que sólo sirvió para hundirme más aún. A pesar de todo, no abandoné. Lo intenté una última vez. ''Mañana hablamos de todo esto''.

He dicho que las casualidades que pueden cambiar una vida, además de los actos de las personas... pero también las oportunidades que dejamos pasar. Y todo puede salir de manera que te arrastren de nuevo al pozo. Por suerte, algo tan simple como una sola llamada cambió radicalmente mi vida. O más bien, el no recibirla.

Nunca volvimos a hablar del tema. Nunca supo, ni seguramente sabrá, todo lo que tenía que decirle. Nunca dijimos todo aquello que nunca deberíamos habernos callado. Nunca nos explicamos, y nunca nos acabamos de entender. Nunca me llamó aquella mañana... y esa decisión de no marcar nueve dígitos en su teléfono lo cambió todo, junto con la noche anterior. Un nuevo hilo, un nuevo hilo que quiso pelear por entrar en el tapiz. En mi tapiz. Lugar y momento exactos, situación adecuada. Una segunda oportunidad de hacer las cosas bien... con otra persona, contigo. Me rendí, ¿y sabes qué? Nunca, repito, nunca, me alegré tanto de que no me llamaran. Nunca me arrepentiré de haberme rendido y haber apostado por ti.

Este es el verdadero principio de nuestra historia. No lo fue conocerte, ni hablar contigo, ni saber de tu existencia desde un día en el cine cuando te vi con unas amigas, tuyas y mías. Fue una noche a las tres de la mañana, y una ''no-llamada''. Fue cómo me ganaste en poco menos de una semana. Y todo continuó con un número que no olvidaré. Veinticinco. Un número grabado ahora en una pulsera... y lo más importante, en mi corazón.

¿Sabes qué? Sí, ya lo sabes.

Te quiero.

abril 20, 2011

And I won't let this go

No quiero que este momento se acabe nunca. Este momento que dura días, que parece mucho más tiempo del que realmente lleva durando. Que ha sido mi segunda oportunidad, mi nuevo comienzo, desde cero, para hacer las cosas bien, para hacerlas cuando hay que hacerlas. Este momento que he pasado a tu lado, porque tú te empeñaste en ello, no te rendiste, me aguantaste, quisiste intentar algo cuando yo sólo te decía todos mis errores, mis defectos, quisiste reparar un corazón destrozado, roto en mil pedazos que se comían unos a otros, y, sobre todo, porque tú me diste esa confianza que siempre me faltó.

Sabes que esperaría mi vida entera sólo para verte sonreír una vez más. Lo que no sabes es que mi vida empezó aquel sábado cuando, a las tres de la mañana, me pediste una locura. Me pediste intentar algo que quería, pero que no me atrevía a soñar, ni a reconocer... hasta que me convenciste de lo contrario, de que valía la pena dejar que algunas cosas se fueran, cosas que en realidad ya se había ido hacía mucho, para que otras nuevas ocuparan su lugar, de tal forma que pareciera que siempre habían estado ahí.


¿Cómo se puede conocer tanto a una persona, cómo se puede llegar a depender tanto de ella en menos de un mes? ¿Cómo puedes querer tanto a alguien? Claro que todavía queda mucho para saberlo todo sobre él, pero es increíble lo mucho que sé en unos días. Cosas importantes, pero también pequeños detalles, como que sabe chino pero no tiene ni idea de cómo se escribe. Como que nunca le pone los puntos a las íes. Como que a pesar de ser moreno tiene pelos pelirrojos, rubios, e incluso canas. Como que se puede poner tan serio que si un cómico sacara su mejor repertorio no se reiría, aunque el resto del tiempo cualquier chiste le haga gracia. 

Gracias por todos esos pequeños detalles que tienes, esos pequeños detalles que dices, y por todo lo que haces por mí. Por nosotros. Por que esto fuera posible. Por salvarme, por quererme, por aguantarme, por todas esas tardes, por llevarme en moto sólo por estar un poco más conmigo, por venir hasta aquí todas las mañanas sólo por un beso, por estar siempre disponible, por sacarme una sonrisa cuando menos me apetece reír. Por ser tú y por tener esa absoluta confianza en ti y en mí. Y por dármela.

Te quiero un montón, ¿lo sabes ya, no? Que nunca se te olvide... aunque bueno, me vas a tener a mí siempre ahí para recordártelo... cada día, cada hora, cada minuto y cada segundo que tú sigas queriéndome.