Es de esas cosas que siempre pensaste que ibas a tener, por el mero hecho de que mucha gente las tiene. Como tener un coche, una casa, un buen trabajo. Pero yo me refiero a otra cosa, quizá la más importante de todas... Tener a esa otra persona, esa que cuando te levantas por las mañanas no tenga necesidad de preguntarte si quieres té o café, ya lo tenga preparado tal y como a ti te gusta. Esa persona que te cuide cuando estés enferma y te saque una sonrisa cuando no tienes fuerzas ni para hablar. Esa persona que siempre pensaste que un día llegaría; te aferraste a esa idea porque, aunque lo negaras, no soportabas ser la única que se quedara sola. Esa que podría estar esperándote, suplicándote por una oportunidad, o que quizá no existe, al menos no para ti. Y eso fue lo que tantas veces pensaste, ''¿Y si no hay nadie para mí?''
La vida siempre te fue dura, aprendiste a sufrir mientras mostrabas a todos tu mejor sonrisa, a llorar en silencio, a ver cómo, cuando por fin llegó alguna te partía el corazón una y otra vez. Aprendiste lo que era sufrir por amor, aprendiste a aceptar todas sus mentiras, a no confiar en la única persona en quien deseabas con todas tus fuerzas hacerlo, aprendiste a luchar tú sola, a que él no pusiera nada de su parte. Aprendiste a borrar todos tus errores y, sin embargo, seguir lamiéndote sola tus heridas, atrapada en el juego de sus caprichos. Pero un día apareció alguien más, y con gestos que no significaron nada en su momento, fue cambiando las cosas. Te enseñó a perder, es más, te enseñó a ganar perdiendo. Y resulta que, a lo mejor, este sí es esa persona que decía antes. Es alguien que te cuida, que se preocupa por ti tanto como tú por él, que no sólo te acepta como eres sino que no le importa que estés sin arreglar, no quiere que te maquilles para verle,te dice que estás guapa igual, no quiere que te pases una hora planchándote el pelo porque le encantan tus rizos. Es alguien que te arregló el corazón, que sufre al verte llorar, que está mal porque a veces piensa que fue su culpa, o porque no soporta que estés enferma sin poder moverte de la cama. Es alguien que cuida de ti cuando tienes cuarenta de fiebre, que te escribe un millón de notas para recordarte lo mucho que te quiere, que no sólo lo escribe, te lo susurra al oído cuando menos te lo esperas.
Me deja sin palabras. Es tan difícil expresar ese cúmulo de sensaciones que me transmite, que podría escribir un libro y nadie lo habría entendido si no hubiera pasado por lo mismo.
¿Cómo voy a hacerle entender la suerte que tengo al tenerle a mi lado? De que cada mañana venga a verme, aunque siempre tarde en bajar y sean cinco (o dos) minutos. De que quiera quedar conmigo cada tarde. De que a veces me coja por detrás, abrazándome, y parezca que no me va a soltar nunca. De que siempre quiera un beso más, no se enfade cuando le muerdo, y siga insistiendo aún cuando me aparto, jugando. Tengo suerte de que me quiera, y nunca podré agradecérselo lo suficiente.
Hay millones de personas que hoy están buscando su alma gemela. Y si no hubiera habido un montón de casualidades, yo nunca habría encontrado a la mía; seguiría vagando sin rumbo y nunca habría sabido dónde encontrarle. Aun así, después de todo, con lo difícil que ha sido encontrarnos, y volver a chocar justo en el momento adecuado, lo hemos hecho, y puedo considerarme afortunada...porque yo, por suerte, le tengo a él.
Sabes que si hubiera otra vida después de esta volvería a buscarte, y creo que sabría encontrarte... porque hay cosas que, cuando finalmente pasan, por muy difícil que haya sido, son tan importantes que se graban a fuego en tu alma. Y puedes apagar ese fuego, pero no borrar las marcas que ha dejado. Seguirán allí pasen las vidas que pasen, para demostrarme que un día fuiste real, y lucharé porque así sea de nuevo.
Te quiero... y todas estas palabras no son suficientes para que lo comprendas, así que limítate a recordarlas.
No hay comentarios:
Publicar un comentario