diciembre 23, 2010

Realidad

No sé, supongo que siempre, tarde o temprano, acabamos equivocándonos. No somos conscientes de ello. Al menos, no hasta que alguien nos abre los ojos. Nos dice la verdad, tal y como la ve. Tal y como es, y no como tú creías que era. Nos da su punto de vista, ese que a veces nos falta para darnos cuenta de la realidad. Para caer en nuestros errores, e intentar repararlos. Para descubrir que existen muchas formas de pensar, soluciones inimaginables y completamente sencillas a problemas que creías complicadísimos, totalmente enrevesados. Quebraderos de cabeza, de esos que hacen que des vueltas en la cama toda la noche, sin dormir. Que puedan llegar incluso a quitarte el apetito, las ganas de seguir soñando, porque todo lo que querías, era imposible... según tu punto de vista. Aunque, según otras personas, no hiciera falta ser un genio para darte cuenta de que era fácil conseguir cumplir tu sueño.

Vivir en una nube... sí, es bonito, es mágico. Puedes crear tu propio sueño, pero nunca será real. Estarías constantemente en un mundo ideal, donde creerías que nada ni nadie puede alcanzarte. Ni hacerte daño. Ni herirte, llegando incluso a dejarte una de esas cicatrices que pocos pueden borrar, que pueden incluso acompañarte el resto de tu vida. De esas que no son físicas, pero hieren más. Sería, simplemente, una burbuja. Nunca un muro. Siempre habrá algo que la pinche. Y entonces, dime, ¿qué harás? ¿Tratarás de reconstruirla? ¿De seguir viviendo un sueño irreal? Llegará un día en el que te des cuenta de que las cosas grandes no son aquello que siempre has soñado, sino las que has conseguido luchando, con tu propio esfuerzo. Debes preferir siempre eso, es lo que dura. Lo que se mantiene. Mejor amar, que estar enamorado. De esta forma, tienes un futuro. No el que querrías, pero sí uno seguro, uno que tú, poco a poco, has ido creando.

Y finalmente, fíjate en las cosas pequeñas que pasan a tu alrededor. A tu familia, a tus amigos, a las personas que quieres. A ti. Porque cuando mires atrás, comprenderás que esos pequeños gestos, esos pequeños actos, esas pocas palabras... son los que realmente  cuentan. De las que conservarás un agradable recuerdo dentro de unos años. Lo demás se habrá borrado casi por completo, pero aquello a lo que en su día no le diste importancia, será lo más preciado que tengas con el tiempo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario